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Opinión | INTERNACIONAL

Madrid

Rumores y maniobras en torno al plan de Trump para Ucrania

Los gobiernos europeos no parecen querer enfrentarse a la realidad

El presidente de EEUU, Donald Trump.

El presidente de EEUU, Donald Trump. / Lukas Coch/AAP/dpa

Todo tipo de rumores y de maniobras rodean el plan de 28 puntos del presidente Donald Trump para Ucrania filtrado últimamente a los medios. Los líderes europeos, furiosos porque en ningún momento se haya contado con ellos ni con Ucrania, no se atreven a rechazarlo públicamente y hablan sólo de necesarias modificaciones.

El propio Trump lo relativizó el fin de semana al afirmar que tiene que discutirse con Ucrania y los aliados europeos. El diario estadounidense The Washington Post citó a un funcionario del Gobierno según el cual Trump quiere evitar la impresión de que se trata de un plan demasiado "prorruso". El gran error del Presidente es haber dado a Kiev un ultimátum para que lo acepte antes del jueves de esta semana, lo que es del todo imposible, sobre todo si se trata, como se dice ahora, de modificarlo.

La oposición frontal al plan no procede sólo de Kiev, Bruselas o Londres, sino que también los halcones del Senado de EEUU y los que rodean a Trump han tratado desde el primer momento de torpedearlo por considerar que supone, y no les falta razón, la capitulación de Ucrania. Uno de esos halcones es el general Keith Kellogg, enviado especial de Trump, premiado por Ucrania con la orden del mérito, de quien se sospecha que fue el que lo filtró antes de tiempo precisamene con tan avieso objetivo.

Según el ex marine, ex inspector de armamento de la ONU y hoy analista político Scott Ritter, Kellogg parece trabajar para Ucrania y no para Estados Unidos, por lo que debería ser acusado de traición. La hija de Kellogg, Meaghan Mobbs, que dirige una ONG de ayuda a Ucrania, llegó a afirmar que el borrador del plan había sido redactado en ruso, insinuando que quien lo hizo fue el oligarca ruso y enviado del presidente Putin, Kirill Dmitriev.

Pero está también el secretario de Estado, Marco Rubio, otro destacado halcón que parecía últimamente muy centrado en Venezuela, pero que vuelve a ocuparse de Ucrania. Hay quien dice, por otro lado, que el plan original sufrió cambios introducidos por el ex ministro de Defensa ucraniano Rustem Umiérov, como el punto que fija en 600.000 el futuro tope de efectivos del Ejército ucraniano, un límite muy superior al que Moscú está dispuesto a aceptar.

Archivo - El presidente ruso, Vladimir Putin (archivo)

Archivo - El presidente ruso, Vladimir Putin (archivo) / Europa Press/Contacto/Alexander Kazakov - Archivo

Según el analista británico Alexander Mercouris, en una reunión en Ginebra entre diplomáticos europeos y el secretario norteamericano del Ejército, Dan Driscoll, saltaron chispas. Los gobiernos europeos no parecen querer enfrentarse a la realidad, y ésta es que Rusia no deja de avanzar sobre el terreno y que, como explicó Driscoll, de no aceptarse este plan, el próximo puede ser aún peor para Ucrania.

Pero Francia, Alemania y el Reino Unido, los tres gobiernos más beligerantes del club europeo, al menos entre los países grandes, siguen insistiendo en el derecho de Ucrania a ingresar en la OTAN y a disponer del armamento y el Ejército que considere necesarios.

Y hacen hincapié en que no puede admitirse la modificación de fronteras manu militari como ha hecho Rusia al invadir Ucrania, olvidando que no otra cosa hizo la OTAN, por ejemplo, en Yugoslavia o lo ocurrido mucho antes en Chipre. Mientras tanto, el presidente Vladimir Putin, seguro de una victoria rusa, llegó a decir últimamente que no le importaría que no se aceptase el plan de Trump porque su deseo es seguir avanzando y provocar un cambio de régimen en Ucrania, gobernada, según dice, por “una banda criminal”.

Esperemos que pese a palabras tan poco diplomáticas como ésas finalmente triunfe la diplomacia, pero esto parece cada vez más difícil a juzgar por los vientos que soplan sobre todo a este lado del Atlántico.