Empresas

La emprendedora que ha llevado el cultivo de la zarzamora a Zamora

Agroberry empezó hace 10 años en Almendra del Pan, un pueblo de 160 habitantes donde se levantaron 1,1 hectáreas de cultivo que llamó la atención de la Comisión Europea

Nuria Álvarez Rodrigo, junto a una de las 4.000 zarzamoras que tiene en su explotación

Nuria Álvarez Rodrigo, junto a una de las 4.000 zarzamoras que tiene en su explotación / Ana Burrieza

5
Se lee en minutos

Introducir con éxito una plantación de zarzamoras en un mar de cereales es uno de los motivos por los que Nuria Álvarez Rodrigo, creadora de Agroberry Original from Zamora, acumula una decena de reconocimientos. Este proyecto ha roto la tendencia de una zona de secano gracias a la innovación agrícola y a su modelo de comercialización. El sueño empezó hace 10 años en Almendra del Pan, un pueblo de 160 habitantes donde levantar 1,1 hectáreas de cultivo ecológico de zarzamora arapaho ha sido una revolución que ha llegado a los oídos de la Comisión Europea, que en 2019 premió la mejora de la competitividad de una explotación más que centenaria. De hecho, esta ha sido la única vez que el Rural Inspiration Awards ha venido a España: la plantación es un precedente de éxito del cambio de rumbo de una zona cerealista de forma sostenible, gracias al riego por goteo, las placas solares y el manejo en ecológico. Y todo ello con una sola persona detrás.

Los inicios del proyecto se remontan a 2015. Con una prometedora carrera profesional y un MBA bajo el brazo, Agroberry empezó a germinar en la mente de Álvarez tras dar el salto a Irlanda. La formación en frutos rojos que recibió Agripino Álvarez, agricultor y padre de la emprendedora, fue la chispa que prendió la mecha de la joven. "Tenía 34 años y pensé: ‘O planto raíces en Irlanda o regreso a España", cuenta. Poco después, las raíces de las 400 primeras zarzamoras de Agroberry ya se hundían en la tierra de Almendra del Pan, donde ha transformado la tradicional explotación familiar en un innovador proyecto de frutos rojos.

Zamora se ha revelado como un lugar estratégico para la zarzamora. "La idea del proyecto era romper el mercado de Huelva", subraya Álvarez sobre cómo el clima frío de la provincia consigue encajar la producción del fruto rojo en los meses de verano, coincidiendo con el cierre de invernaderos del sur, los mayores productores del país.

Halló este nicho de mercado después de desarrollar una estrategia que tomó muchos caminos, y es que Nuria tenía "un plan de negocio muy diferente". El terreno tenía un pH muy alto para el cultivo de arándanos, fruto sobre el que se asentaba esa primera idea. La gran inversión que hacía falta para acidificarlo la obligó a buscar alternativas. "A medida que avanzaba en el estudio de mercado me daba cuenta de que el fruto rojo que menos hectáreas tenía plantadas a nivel nacional era la mora, el más difícil de manejar". Así fue cómo se propuso llegar a las dos hectáreas de zarzamoras, aunque ha decidido no crecer más allá de las 1,1 hectáreas actuales cuyo coste de producción por hectárea es de 24.000 euros, muy por encima de los 3.000 euros en los que se sitúa de media la hectárea de cereal.

Producto fresco y elaborado

Hoy 4.000 plantas producen cinco toneladas de mora ecológica al año, la mitad que una plantación convencional. Durante la recogida, a punto de empezar, se dividirán entre moras de primera y de segunda, unas destinadas a la venta directa y otras a la transformación en productos como mermeladas prémium y licores. "En mi plan inicial no lo contemplaba, pensaba meter camiones para que se llevaran las moras frescas directamente", detalla sobre cómo ha ido reconduciendo su ruta, a la que incorporó un obrador en 2021, el corazón del proyecto.

En esto nunca tiene más tarros de la cuenta, por lo que el consumidor siempre obtiene producto fresco. Las moras que se venden al natural se seleccionan a mano antes de estabilizarlas con frío durante 12 horas-"puedes tener la fruta siete días en la nevera y está perfecta"-, proceso que sustituye los conservantes. Las que se guardan al acabar la temporada se congelan una a una, separadas en bandejas a mano, la herramienta más importante desde la recogida hasta el empaquetado, pasando por la selección, un proceso de control de calidad que Álvarez revisa con pulcritud. "Mis clientes notan el sabor", dice sobre una marca que vende a restaurantes y particulares de toda España.

Las semillas de las moras se convertirán además en harina sin gluten, idea que Agroberry desarrolla en colaboración con la Universidad Católica de Ávila y las universidades de Valladolid y Burgos gracias al concurso Desafío Universidad-Empresa. Esta materia prima servirá para hacer galletas aptas para celíacos. "Como no soy cocinera, tendré ayuda para perfeccionar el producto". Y es que, en unas semanas y gracias a un programa de intercambio de la UE, el chef italiano Massimo Vassallo aterrizará en Agroberry para aprender del modelo empresarial de Álvarez y ayudar con la receta del producto.

La harina sin gluten solo es una de las muchas propuestas recibidas para reutilizar las semillas. "Logramos un aceite de mora espectacular, pero solo tenía un rendimiento del 10%. A mi nivel no era viable", revela sobre algunas alternativas descartadas debido a su tamaño.

Sostenibilidad económica

La incorporación de Álvarez como profesional agraria se hizo con algunas dificultades relacionadas con la plantación de zarzamora, y es que en el desplegable para la solicitud de la Junta de Castilla y León no aparecía este cultivo. La incorporación se hizo a través de la explotación agroganadera familiar debido a la burocracia. Su sostenibilidad económica se equilibra entre el cereal y los frutos rojos: en la explotación también se cultivan 120 hectáreas de avena forrajera, cebada, girasol y garbanzo. "Voy buscando el equilibrio", dice la emprendedora sobre las cuentas entre el cereal y la zarzamora, balance que mantiene para "aumentar la rentabilidad de Agroberry y que crezca progresivamente". Los márgenes entre ambas producciones se ajustan año a año y sirven para sostener el negocio: "El año pasado la parte agrícola fue bastante peor, pero se compensó con Agroberry", cuenta. 

Noticias relacionadas

Álvarez mira el futuro de Agroberry tan ligado al territorio como fuera de las fronteras nacionales: "Necesitaba desarrollar mi parte académica para ser feliz y no abandonar el primer año". Ahora está inmersa en sacar adelante un proyecto de internacionalización a través del Icex para llevar sus mermeladas actuales y nuevos sabores a tiendas gourmet de Europa; la estructura de Agroberry le permitirá transformar y comercializar más frutos rojos, una de las características por las que el Icex valoró la marca.

Además de moras e innovación, tras Agroberry se esconde una militancia contra la despoblación, cuya primera solución, en opinión de Álvarez, son los negocios pequeños y familiares. "Yo podría ser grande, pero no me da la gana", dice sobre la sostenibilidad del entorno que, cree, debe huir de macrogranjas y macroplantaciones. "Solo tienes que ser viable y eso no depende del tamaño", destaca mientras vigila el desarrollo de unos algarrobos y madroños, su siguiente proyecto.