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Málaga, capital del Mediterráneo en 2025

Tras el éxito de Valencia, la ciudad andaluza acogerá la próxima edición del foro de Prensa Ibérica

Pablo Ruiz Picasso y edificios singulares de la ciudad de Málaga.

Pablo Ruiz Picasso y edificios singulares de la ciudad de Málaga.

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Málaga ha experimentado una transformación radical en los últimos años y ha conseguido dar un vuelco no solo a su tejido económico, sino también a la imagen que proyecta hacia el exterior. Referente de moda, la ciudad andaluza, con medio millón de habitantes, será en 2025 la sede del próximo Foro Económico y Social del Mediterráneo.

Tras el éxito cosechado en Valencia, el 26 y 27 de junio durante las jornadas organizadas en la Ciudad de las Artes y las Ciencias por Prensa Ibérica, en colaboración con Fundación La Caixa, el consejero delegado del grupo de comunicación, Aitor Moll, anunció una segunda edición del Foro Económico y Social del Mediterráneo el año que viene. "El foro va a tener continuidad en el tiempo. No queremos que el viento se lleve tan valiosas palabras que hemos escuchado estos días", proclamó.

La primera edición sirvió como "propuesta de vertebración de los territorios que vivimos en las orillas del mar Mediterráneo, cuna de nuestra civilización y epicentro de la economía global". Según Moll, los "retos comunes" que el territorio tiene en materia de turismo, logística, energía, medio ambiente, economía azul y cuidado de las personas han dado sentido a los ocho consejos de expertos que forman parte del proyecto.

Implicación de todos

"Nadie en España puede llevar adelante una iniciativa de estas características como Prensa Ibérica" a través de todas sus publicaciones que, desde Málaga hasta Girona, pasando por Barcelona, Castellón, Valencia, Alicante, Palma, Ibiza y Murcia, "están siempre al lado de las personas, de las empresas y de las instituciones", sostuvo. Por eso, el grupo prepara "desde ya, con ahínco", la celebración de una nueva edición en la ciudad andaluza.

En un encuentro en el salón de los espejos del ayuntamiento valenciano, la alcaldesa de Valencia, María José Catalá, cedió el testigo al alcalde de Málaga, Francisco de la Torre. "Ha sido una oportunidad muy importante para la ciudad. Una edición positiva e interesante", subrayó Catalá. "Estamos encantados de acoger la próxima edición. Espero que tenga, al menos, el mismo nivel", añadió minutos después De la Torre.

Málaga, que hace 30 años parecía un derribo soleado y que fue imaginada entonces por un histórico alcalde socialista, Pedro Aparicio, como la capital del sur de Europa, tiene ahora motivos para sacar pecho: un polo de gran atracción de inversiones para las grandes empresas tecnológicas, ecosistema cultural y museístico atractivo y dinámico, turismo de cruceros boyante, llegada de nómadas digitales, hostelería de primer nivel que huyó del magro con tomate y abrazó la alta cocina, edificios de oficinas, generación de condiciones para que desembarquen grandes compañías de logística como la prevista de Amazon y el interés de media docena de universidades privadas por instalarse. Por supuesto, ayuda el menú tradicional de la zona: buen tiempo casi todo el año, playas, un aeropuerto internacional bien conectado, buenas carreteras y todo tipo de alojamientos.

Modelo diseñado

De la ilusión premonitoria de Aparicio en los 80, antecesor de Celia Villalobos y de De la Torre, se pasó, ya en los inicios del siglo XXI, a la implantación de un modelo de ciudad cuidadosamente diseñado, en el que ha sido clave la convergencia de esfuerzos y voluntades entre las diferentes administraciones. Málaga se ha redescubierto con éxito apostando básicamente por tres vectores: la cultura, el turismo y la tecnología.

Y en este acelerón, avivado por las administraciones central y autonómica (básicamente, en grandes infraestructuras viarias, aeropuerto, puerto o metro), ha tenido un papel esencial el sentido pragmático, el proyecto de ciudad y la elección de perfiles técnicos en el equipo municipal del actual alcalde, De la Torre, respaldado por las urnas desde hace dos décadas. El caso es que se percibe un orgullo colectivo por una ciudad que en algún momento empezó a creer en sí misma. Málaga ya se gusta.

Largo recorrido

El camino hasta la ebullición actual ha sido largo. Empezó en los años 90, donde ya se perfilaban ideas de ciudad entre grupos de profesionales locales (Aesdima), a las que sucedieron los planes estratégicos de la Fundación Ciedes hasta 2006, en los que participaron las administraciones local, autonómica, central, la diputación, el puerto, el aeropuerto, la universidad, empresarios, sindicatos... Posteriormente se han ido tejiendo adaptaciones y ahora se centra en el objetivo del desarrollo sostenible.

Una ciudad, destacó De la Torre, "debe tener estrategia y objetivos y que además se elabore de una manera compartida; es una planificación continua". De ahí surgieron las apuestas por el turismo, la cultura y el cine, con el Festival de Málaga. Y, paralelamente, la del conocimiento y la tecnología que ahora es arrolladora y que se inició con la creación del Parque Tecnológico en 1992.

La urbe fetiche de De la Torre, la que le ha servido de referencia, es Barcelona. "Siendo una ciudad mediterránea nos hemos inspirado bastante en el modelo de Barcelona. No lo hacemos exactamente igual porque partimos de condiciones diferentes, pero siempre me ha llamado la atención la capacidad de Cataluña de ser vanguardia. Aunque tampoco queremos ser iguales, queremos ser mejores", argumentó.

Preguntado por las razones del éxito de Málaga, De la Torre responde con una receta un tanto elemental, pero efectiva: "La clave es trabajar para tus vecinos. Si tú trabajas para tus vecinos y lo haces muy bien para ellos, tiene éxito para los de fuera. El resultado es que atraes visitantes y talento".

Dicho esto, hay que situarse en los dos últimos años para comprender cuál ha sido el detonante de esa Málaga capaz de captar, no ya récords de visitantes, que también, sino un goteo constante de inversiones de firmas tecnológicas y de ciberseguridad.

El hervor que necesitaba el tejido tecnológico local se animó en 2023 con el anuncio de la llegada de firmas estrella como Google y Vodafone. Y la reflexión sobre este fenómeno de atracción de talento y conocimiento pasa por admitir que ha influido de una manera sorprendente y esencial la pandemia de covid, que lo ha transformado casi todo. Generó un salto disruptivo en el que la provincia atrajo a 30.000 personas durante la crisis sanitaria, la mayoría teletrabajadores. Y los teletrabajadores han traído empresas.

Junto al teletrabajo, un segundo elemento fundamental ha sido la constitución de la Fundación Instituto Ricardo Valle de Innovación (Innova IRV), que ha conseguido vertebrar el ecosistema tecnológico local y hacer que las grandes firmas digitales del Málaga TechPark (actual denominación del Parque Tecnológico de Andalucía) se pongan de acuerdo para cooperar y desarrollar productos y servicios. 

Y, en tercer y último término, ha habido una acertada política municipal que ha desarrollado espacios de oficinas en la ciudad y un polo de contenidos digitales centrado en la formación y los videojuegos. El entramado que tejen estos tres factores ha propiciado un entusiasta interés nacional e internacional por Málaga, que hoy puede soñar.

Primera gran edición

Pero antes de llegar a Málaga, y para conseguir que el primer Foro del Mediterráneo, celebrado en Valencia, fuera un éxito, se desarrolló un cuidadoso trabajo previo. Ocho grandes temas de debate dieron paso a la formación de ocho consejos locales de expertos para analizarlos, repartidos por los territorios mediterráneos en los que Prensa Ibérica tiene presencia. Fueron liderados por cada uno de los ocho periódicos del grupo en el litoral: El Periódico de Catalunya, Diari de Girona, Levante-EMV, Información, Mediterráneo, Diario de Mallorca, La Opinión de Murcia y La Opinión de Málaga. Y un evento que los unió a todos: el primer Foro Económico y Social del Mediterráneo, que acogió la Ciudad de las Artes y las Ciencias en dos jornadas con la colaboración de Fundación La Caixa. Fue la culminación de seis meses de reflexión profunda sobre una región que aglutina 11 provincias en las que vive el 41% de la población española y que generan, en su conjunto, el 40% del PIB nacional. 

Al encuentro acudieron académicos y conferenciantes de nivel nacional e internacional, representantes empresariales, políticos y sociales, que compartieron sus conocimientos para promover un progreso solidario y sostenible en la zona. Se abordaron cuestiones de actualidad que afectan a todas las comunidades del arco: agua, energía, industria, turismo y cambio climático, mercado inmobiliario, las ciudades del futuro, la movilidad y la economía azul.

Algunas de las personalidades intelectuales más relevantes que asistieron fueron el analista geopolítico y periodista Robert D. Kaplan, la profesora del University College de Londres Mariana Mazzucato y el diplomático Shlomo ben Ami. Una rama más académica estuvo representada por Hortensia Roig, presidenta de EDEM Escuela de Empresarios, y el catedrático de Química Javier García. También acudió el director de Relaciones Institucionales de Fundación La Caixa, Sergi Loughney, que animó a los asistentes a "sumergirse" en el Mediterráneo.

Reflexiones de calado

En el ámbito político destacó la participación de la presidenta del Banco Europeo de Inversiones, Nadia Calviño; la alcaldesa de Valencia, María José Catalá y el presidente de la Generalitat Valenciana, Carlos Mazón. En cuanto a la representación empresarial, acudió en el foro el consejero delegado de Criteria, Ángel Simón, que también participó como ponente; el presidente ejecutivo de Naturgy, Francisco Reynés; el consejero delegado de Endesa, José Bogas; el consejero delegado de Iberdrola, Mario Ruiz-Tagle, y el presidente ejecutivo de Aena, Maurici Lucena. También tuvo un papel destacado el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi.

Hubo reflexiones gran calado. Así, Kaplan pronosticó un próximo cambio de identidad en Europa, propiciado por un aumento de la inmigración africana. Aseguró que, en unos 76 años, habrá una media de siete africanos por cada europeo. "Vemos la inmigración como una emergencia. Pero este no es más que el patrón habitual de la historia", normalizó. Y sugirió que el inconformismo de las clases medias será lo que disparará esta tendencia porque "siempre exigen más". 

La profesora Mazzucato defendió en su discurso la colaboración público-privada y la necesidad de inversión del Gobierno basada en resultados y objetivos. Consideró que los países del Mediterráneo carecen de una estrategia común, por lo que propuso la creación de un banco público de desarrollo como los que hay en Sudamérica y África. 

Por su parte, el diplomático Ben Ami lamentó que los desafíos del Mediterráneo "han quedado en un segundo plano en Europa", preocupada ahora por la amenaza que supone Rusia a raíz de la invasión de Ucrania. "Si Europa quiere un sur estable, tiene que prestar atención al Mediterráneo", advirtió.

Plan para crear valor

Reynés, presidente y CEO de Naturgy, aseguró durante su intervención que "la tecnología de las energías renovables va mucho más rápido que los permisos para instalarlas" y pidió que se acabe con los cuellos de botella de las tramitaciones burocráticas. Descartó también grandes subidas de los precios energéticos a corto plazo. Precisamente, el consejero delegado de Criteria, Simón, también habló sobre Naturgy. Aseguró que ambas empresas acordarían juntas "un plan para crear valor" en la compañía eléctrica y respondió, preguntado por el fin de la negociación con Abu Dabi para una opa conjunta sobre la misma, que "cuando se cierra una vía, se abren otras".

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Ruiz-Tagle, consejero delegado de Iberdrola, puso sobre la mesa la posibilidad de abrir la red de transporte a la iniciativa privada, superando el monopolio natural de Red Eléctrica a través de concesiones para construir nuevas vías de alta tensión, a través de subastas y ofertas de menor coste, por un periodo de 30 años. 

Y Calviño sostuvo que el BEI está "ayudando a consolidar España como el país de las renovables". Además, abogó por reforzar el mercado de capitales de la Unión Europea para que las empresas "puedan crecer sin dejar de ser europeas". "Debemos cerrar la brecha que existe entra el ahorro y la inversión en Europa, para que las empresas no necesiten financiarse fuera", apostilló.