OPINIÓN

El año del subempleo

El análisis de los datos de 2022 concluye que existe una parte de la población que, estando en disposición de trabajar más horas o en trabajos acordes a su formación, no puede hacerlo. Esto supone menores ingresos para esas personas y una menor riqueza nacional

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El año del subempleo

Los economistas definimos el subempleo como aquel fenómeno que sucede en el mercado laboral por el cual las personas trabajan menos horas de las que les gustaría o tienen empleos por debajo de su cualificación. Los países con subempleo tienen una población empleada que, estando en disposición de trabajar más horas o en trabajos acordes a su formación, no puede hacerlo, lo que supone menores ingresos para dichas personas subempleadas y a la vez una menor riqueza nacional.

Estos días estamos conociendo el cierre de las estadísticas oficiales en materia económica de 2022. El mercado laboral español ha producido empleo, en concreto se crearon 471.360 puestos de trabajo, lo que lleva a un total de 20.296.271 afiliados a la Seguridad Social. Al mismo tiempo, se ha conseguido bajar en 268.252 el número de parados respecto a la cifra de hace 12 meses, lo que deja el desempleo registrado en 2.837.653 personas, cantidad que no se veía desde 2017. 

Buenas noticias, sin duda, pero que conviene contextualizar dado que vivimos en el país europeo con el mayor desempleo (tres millones de parados para una tasa del 12%) y, pese a las cifras que acabamos de conocer, seguiremos padeciendo el doble de porcentaje de paro que nuestros vecinos continentales. Primero hay que justificar este comportamiento positivo de un mercado laboral que crea empleo en la buena marcha de la economía. El año 2022 ha terminado con un crecimiento de la economía nacional y eso ha supuesto, en puridad, que se hayan producido más bienes y servicios, y por tanto se haya necesitado más mano de obra para ello.

La actividad productiva en España, espoleada por el sector servicios y en especial por el turismo y la hostelería, ha terminado el año en positivo cerca de los cinco puntos de crecimiento del PIB. Y cuando eso sucede en nuestro país, se crea empleo. En España se cumple la conocida ley de Okun, sobre la correlación existente entre los cambios en la tasa de desempleo y el crecimiento de una economía. Esta teoría económica propuesta en los años sesenta por el profesor Arthur Okun mantiene que para crear empleo una economía necesita crecer cada año por encima del 3%. Nosotros lo hemos hecho y el Instituto Nacional de Estadística (INE) ha dado la razón a Okun con la bajada del paro y consiguiendo llevar nuestra cifra de empleados por encima de los 20 millones de personas. 

Menos producción

Por otro lado, una mirada menos superficial a los datos nos lleva a otras conclusiones. Efectivamente, hemos superado las cifras del mercado laboral prepandemia. Respecto a 2019, tenemos más empleados -de 19,5 millones a 20,1 millones- y menos desempleados -de 3,1 millones a 2,8 millones-, pero no producimos más que antes de que llegara el virus a nuestras vidas. La riqueza de España, medida por el PIB, no se ha recuperado de la crisis del covid, lo que nos lleva a preguntarnos: ¿cómo es posible que tengamos más empleados que en 2019 pero generemos menos producción? La respuesta la lleva dando desde hace un tiempo Rafael Doménech, responsable de análisis económico de BBVA Research, y no es otra que trabajamos menos horas que hace tres años.

Tenemos más afiliados a la Seguridad Social, pero, fruto de diferentes cuestiones como la reforma laboral, la reducción de márgenes de las empresas y las incertidumbres económicas, se contrata a personas por menos horas con modalidad de trabajo a tiempo parcial.

La ley exige que los contratos sean indefinidos y, de hecho, se ha conseguido que bajen en nueve millones los contratos temporales y aumenten en cinco millones los indefinidos, pero eso no quiere decir que el empleo sea de más calidad. Detrás de la cifra de esos empleados indefinidos se esconde, como FEDEA ha explicado, un preocupante número de los conocidos como fijos discontinuos -o temporeros- que en ocasiones están inactivos cobrando el desempleo, pero engrosan el dato de nuevos empleados sin serlo.

El aumento del gasto en prestaciones por desempleo en 2022 cuando las estadísticas oficiales defienden la bajada del paro abonaría el argumento. De modo y manera que de los nuevos cotizantes de 2022 únicamente uno de cada tres lo son con una jornada a tiempo completo, el resto subempleo.

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Hay aún más argumentos, pero abundan en el mismo concepto del empleo de baja calidad. Para muestra un botón: el crecimiento del pluriempleo -el mayor de la serie- se explica por la necesidad de complementar los bajos ingresos del subempleo ante el impacto de la inflación en los gastos familiares.

El Banco de España informe tras informe explica que la ley de Okun en España se cumple, pero para nuestro pesar no solo para bien, también para mal. Cuando entramos en recesión o no crecemos por encima del 3%, cuestión que todos los analistas consideran que sucederá en 2023, el empleo creado en bonanza se destruye con rapidez precisamente por ser de baja calidad o subempleo. Ojalá nos equivoquemos en este 2023 y si es así con los datos de la contabilidad nacional en la mano, en estas páginas se lo contaremos.

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