OPINIÓN

El año de los nuevos Robin Hood

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Sam Bankman-Fried, consejero delegado de FTX, detenido en las Bahamas

Sam Bankman-Fried, consejero delegado de FTX, detenido en las Bahamas

Sam tiene 30 años. Tiene el pelo alborotado, solo viste camisetas y conduce un viejo Toyota Corolla. Sus padres son profesores de la Universidad de Stanford y se graduó en matemáticas en el prestigioso MIT. Con 25 años gracias a las monedas digitales se convirtió en el joven más rico del mundo. Pero hace unas semanas y en apenas 24 horas perdió más del 90% de su fortuna estimada en 22.500 millones de dólares. Hoy duerme en un calabozo. Bankman-Fried que así se apellida nuestro precoz protagonista es el consejero delegado de FTX, una plataforma de intercambio de criptomonedas que llegó a estar valorada en 32.000 millones de dólares -valor similar a la capitalización de BBVA- y que hoy está en quiebra.

Antes de ese fatídico día, el superdotado Sam fue apodado por la prensa económica como el "monje capitalista" por su apoyo a la filosofía del altruismo efectivo, una escuela que propone utilizar la razón para beneficiar al prójimo. Este movimiento nació en la Universidad de Oxford, promovido por dos profesores, y trata de encontrar el mayor impacto social en las acciones de caridad usando la teoría del coste-beneficio y sofisticados indicadores. Los fundadores de PayPal, Facebook o Skype son seguidores de esta filosofía que defienden donar eficazmente ya que algunas ONGs son mucho más eficientes que otras.

De hecho, Bankman-Fried había anunciado en varias ocasiones que pretendía vivir con 100.000 dólares para cubrir sus gastos vitales y donar el resto de sus millonarias ganancias a causas benéficas "eficaces". Dinero obtenido de cientos de miles de anónimos inversores que ávidos de ganar dinero rápido con las criptomonedas confiaron sus ahorros en el gurú de los tokens digitales.

Pero este idílico cuento se vino al traste el 11 de noviembre cuando se supo que había usado -sin permiso- los depósitos de millones de usuarios de su plataforma para operar en inversiones de alto riesgo que sacasen de la bancarrota a su empresa. "La cagué" ha manifestado Sam. Este lunes fue detenido en las Bahamas, donde residía el peculiar filántropo. Fin de la historia del niño prodigio que robó dinero a avariciosos criptoadictos para regalarlo a ONGs.

La plataforma de criptomonedas FTX llegó a estar valorada en 32.000 millones de dólares, similar a la capitalización de BBVA

Seguro que a Sam sus padres le contaron la leyenda de Robin Hood y por algún momento se sintió como el noble de Nottingham que atracaba a los ricos comerciantes en el bosque para repartirlo a los pobres campesinos. La nobleza altruista del siglo XXI son los jóvenes emprendedores educados en las universidades de la Ivy League; los bosques oscuros de la edad media son las desreguladas plataformas de activos digitales y los necesitados campesinos, la población migrante beneficiarios de las becas de fundaciones como la de Sam.

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No se sabe a ciencia cierta si Robin Hood existió. Varias son las teorías que defienden que fue un señor feudal arruinado, pero delincuente, porque robaba a los comerciantes de la época que ganaban dinero vendiendo mercancías por los pueblos de Inglaterra. Este Robin y su grupo de forajidos acumularon riquezas que jamás repartieron con nadie, pero la leyenda ya había comenzado y ha llegado hasta nuestros días.

Activismo bursátil

Hay muchos Sam. La aplicación on line para compraventa de acciones de nombre Robin Hood -qué casualidad- tiene cientos de miles de usuarios cuya edad media es ¡26 años! y entre otras cosas se dedican al activismo bursátil para desplomar el valor de empresas cotizadas y así ganar dinero arruinándoles. Y en España ¿acaso el discurso político no nos recuerda al héroe inglés? Nuevos impuestos para los bancos, contribuciones extraordinarias de las empresas energéticas, cotizaciones que suben para los empresarios, subidas de IRPF para los que más ganan, más gravamen para el ahorro, un nuevo tributo de nombre solidaridad dirigido a las grandes fortunas y ahora a por los supermercados. Pero siempre con mucha épica, como en Robin Hood. Los ricos amasan dinero caído del cielo mientras los pobres se mueren de frío o de hambre, por eso alguien tiene que ayudarles, de otro modo, la injusticia se instalará en nuestro país. Si las leyes no lo permiten hay que cambiarlas o saltárselas como Robin de los Bosques. La causa merecía la pena en la desigual Inglaterra del siglo XII y al parecer hoy también en España, aunque los tribunales, supervisores y las instituciones europeas no apoyen los nuevos impuestos. Pero Sam ha terminado arruinando a sus clientes y pidiendo perdón, para saber cómo terminan estos nuevos Robin Hood españoles habrá que esperar a las cifras económicas del 2023. El paro, la inflación y el PIB nos darán la medida.