CRÍTICA

'Long Island', de Colm Tóibín: una mujer, dos mundos, un dilema

En la hermosa secuela de la aclamada ‘Brooklyn’, la protagonista debe elegir entre la cómoda pero anodina estabilidad familiar y la valentía de luchar por encontrar algo mejor

El escritor Colm Tóibín, autor de 'long Island'.

El escritor Colm Tóibín, autor de 'long Island'. / EPE

Francisco Millet Alcoba

El escenario parecía ya saturado pero no, en 2009 apareció Colm Tóibín, otra lumbrera de las letras irlandesas. Tóibín fascinó a todos y se ganó la admiración y el respeto del mundo literario con Brooklyn, un relato mundano pero brillante sobre la dureza de la emigración y las dificultades de adaptación de una joven irlandesa al mundo convulso y atropellado de Nueva York, tan distinto de su Enniscorthy natal, allá en Irlanda, donde dejaba un triste amor frustrado.

Tóibín nos llega ahora con Long Island, la continuación de Brooklyn y hay que decir de entrada que Long Island es el raro caso en el que una secuela es tan buena como su antecesora. 

Al igual que la anterior, Long Island es una de esas novelas mágicamente tranquila donde Tóibín, con una prosa elegante y llamativa, nos demuestra cuán extraordinario puede ser lo mundano; tiene un don para elevar lo cotidiano a categoría de emociones imperecederas. No es fácil esto en literatura. Hacer que lo común y corriente del día a día cobre la fuerza necesaria para emocionar y conmocionar al lector queda en manos de pocos. Tóibín sabe tocar las teclas para conseguirlo.

Sabe, como esos sabios pescadores de caña que esperan con paciencia a que aflore el pez, ir lanzando el hilo de esos sucesos mundanos hasta que asoman esos otros más trascendentes.

Dos mundos diferentes

Así es en Long Island, donde su lectura permite descubrir lo trascendente que vive en el alma de la protagonista, Eilis Lacey, el enfrentarse al dilema entre elegir la cómoda pero anodina estabilidad de la vida familiar o la valentía de romper y luchar por encontrar algo mejor. O dicho de esta manera: cómo encontrar el camino en una vida dividida entre dos mundos diferentes. Tóibín crea una caracterización convincente de una mujer atrapada entre dos mundos, sin saber casi hasta la última página de la novela dónde residen realmente sus obligaciones y afectos. 

En Long Island han pasado 20 años del relato de Brooklyn. Eilis Lacey es ahora Eilis Fiorello y vive con su marido italoamericano, Tony, fontanero de profesión y sus hijos adolescentes, Rosella y Larry. Es una más del clan familiar de los Fiorello, una gran familia con otros cuatro hermanos, sus esposas e hijos y los padres de Tony. Todos ellos viven en casas vecinas en una calle sin salida en Lindenhurst, Long Island. Las referencias temporales nos sitúan en 1976 y Eilis, que ahora tiene cuarenta años, no tiene a nadie en quien confiar en este país aún nuevo para ella. Aunque sus vínculos con Irlanda siguen siendo más fuertes que los que la unen a su nueva tierra y hogar, no ha regresado en décadas.

Una mujer luchadora

Long Island retoma la historia de Eilis 25 años después, cuando un día un hombre extraño llama a su puerta y le cuenta que su marido ha dejado embarazada a su esposa mientras hacía trabajos de fontanería en su casa. El tipo le dice que no cargará con un bastardo y que en cuanto nazca se lo traerá. Eilis también se niega rotundamente a tener nada que ver con el bebé, pero la familia de Tony está dispuesto a acogerlo. Aún así, ella ya no es aquella esposa mansa y sumisa; la brega con los italianos le ha reconvertido en una mujer luchadora, que toma decisiones y que escapa al control de su esposo. Para escapar de la tremenda presión de ellos para aceptar a este niño, Eilis decide ausentarse cuando nace el bebé y regresa a Irlanda por primera vez en más de 20 años. 

Utiliza la excusa del 80 cumpleaños de su madre y vuelve a Enniscorthy, su pueblo natal irlandés. Va con sus dos hijos, ya adolescentes. Allí se topa con la terquedad de su madre, pero también con su antigua amiga Nancy que tiene una tienda de patatas fritas y con su viejo amor Jim Farrell, propietario del pub familiar. Ahora ellos dos, Nancy y Jim, son pareja, pero en secreto.

A partir de aquí la historia se vuelve irlandesa. Ella ha cambiado pero también su Irlanda conocida, católica y nacionalista, es ahora distinta y también aquellos que dejó atrás al marcharse.

La historia se vuelve entonces hermosa y conmovedora siguiendo los pasos de una mujer aislada de su matrimonio que observa cómo sus vínculos y raíces mas profundos se reavivan y crecen al regresar al lugar en que nació y reconocer a las personas que dejó atrás, a formas de vivir y de amar que pensó que había perdido.

La trama toma ritmo – quizás demasiado – en las últimas 50 páginas, donde los sucesos se acumulan de una manera que amenazan con quebrar la lenta construcción de la historia. Pero es necesario, Eilis se enfrenta al dilema . Volver a Long Island, donde le espera su marido y han crecido sus hijos, sabiendo que sus anhelos y sueños quedarán enterrados para siempre, o recobrar en Irlanda la lucha por la vida que soñó para ser una mujer feliz. Dos mundos diferentes.

'Long Island'

Colm Tóibín

Lumen

Traducción de Antonia Martín

323 páginas

21,90 euros