CRÍTICA

'La revelación', de A. M. Homes: ¿un patriota es un revolucionario?

La escritora estadounidense se atreve con la política ficción en su nueva novela, una especie de informe dramatizado de cómo y por qué se gestó el ataque al Capitolio desde el pensamiento republicano, siendo ella demócrata

La escritora A. M. Homes, autora de 'La revelación'.

La escritora A. M. Homes, autora de 'La revelación'. / EPE

Sergi Sánchez

La princesa de los suburbios ha decidido subir unos cuantos escalones de la pirámide social. Una de las escritoras más transgresoras de su generación –la que, sin pestañear, diseccionó los vínculos psicosexuales entre un adolescente y una Barbie (el relato Una muñeca de carne y hueso) o versionó, tomándose todas las libertades del mundo, la relación pedófila entre Alice Liddell y Lewis Carroll en una peligrosa novela epistolar (El fin de Alice)–, A. M. Homes (Washington, 1961) se atreve ahora con una novela política.

En su largo proceso de escritura, la política ficción de La revelación se ha convertido en anatomía de un estado de las cosas, una especie de informe dramatizado de cómo y por qué se gestó el ataque al Capitolio del 6 de enero de 2021. ¿Cuál es la transgresión, pues? Situarse en el lado del pensamiento republicano para una demócrata no ha de ser tarea sencilla, intentar comprender las razones de un aparato ideológico que siente que la llegada de un presidente negro a la Casa Blanca es el fin del mundo es todo un desafío. 

Ese apocalipsis llamado Barack Obama no afecta solo a los movimientos tectónicos que agrietan el Gobierno norteamericano, sino también a su base canónica, al origen de sus ideales y sus miserias, que es la familia. De ahí que esa revelación actúe como un auténtico revulsivo para el Pez Gordo, su mujer Charlotte y su hija adolescente Meghan, abriendo un proceso de transformación de consecuencias imprevisibles para cada uno de ellos.

Vectores morales e ideológicos

La novela, que se sitúa entre el día en que John McCain pierde las elecciones y el de la investidura presidencial de Obama, utiliza a esos tres personajes como vectores morales e ideológicos. El Pez Gordo, que protagoniza el grueso de la novela, organiza un operativo de fuerzas conservadoras en la sombra –desde militares de alto rango hasta jueces, pasando por empresarios y políticos– para mantener el statu quo republicano, patriarcal y xenófobo, que cristalizará en el triunfo de Donald Trump ocho años después.

Charlotte, que sobrevive a su papel de esposa de desayunándose un par de cócteles, descubrirá, en una clínica de desintoxicación, una manera de reencontrarse con su sexualidad completamente alejada de los ideales trumpistas. Y Meghan, que encarna el agente de cambio, agitada por la noticia de un secreto familiar que la descoloca, sabe que tiene que "dar un giro radical, dejando atrás lo que consideraba verdades absolutas, tanto en el ámbito de la política como en el de la propia familia". Meghan sabe que América es una narrativa en constante evolución, es alguien que se pregunta: "¿Un patriota es un revolucionario?".

Puede que la deriva explícitamente política de La revelación sorprenda a los lectores habituales de Homes, aunque no estaría de más recordar que una novela como Ojalá nos perdonen, con sus alarmas puestas en la dimensión alienante de la tecnología y el individualismo capitalista e internauta, o el auge económico de China, dispuesta a batirse en duelo con Estados Unidos para ganar por puntos la guerra silenciosa por el control de mandos del tablero geopolítico, anunciaba que estaba preparada para afrontar asuntos más ambiciosos que las oscuras perversiones de los suburbios americanos.

Una metástasis anunciada

En ese sentido, leer La revelación es como escuchar el detallado diagnóstico de una metástasis anunciada. Todo lo que explica Homes lo sabemos, empezando por la fabricación de relatos mediáticos que hacen de lo falso una nueva verdad viral y acabando con el arraigo de la conspiración –tan cara para la política estadounidense– como la religión más prometedora del siglo XXI. La revelación debería titularse La confirmación. Pero ¿acaso un escritor no trabaja también para que advirtamos dónde y cuándo se gestó la catástrofe? A pocos meses de que, con toda probabilidad, Trump sea el primer presidente de Estados Unidos condenado por la Justicia, las respuestas a su reelección están todas aquí, aunque es curioso que, por el camino, Homes se olvide de qué papel jugó la crisis económica de 2008 en todo ello. 

Con todo, el telón de fondo es importante, y es en la crónica de la disolución de una familia –y en el arrebato de lucidez que tiene el Pez Gordo cuando reconoce su responsabilidad en el proceso– donde reconocemos a la Homes de siempre. A la construcción de un comité de expertos en la ignominia ideológica, que creen que hacer grande a América otra vez es una obligación moral, le corresponde la inestabilidad endémica de esa institución familiar que Dwight D. Eisenhower reunió alrededor de un televisor, aún con hebras de césped recién cortado hundidas en sus uñas de porcelana.

Homes consigue dibujar escenas poderosas (Meghan perdida en el bosque, el ciervo herido, la crisis nerviosa), pero buena parte de la fuerza de la novela, que se devora como una de esas series demócratas (pienso, por ejemplo, en The Good Fight) que han seguido la política estadounidense con un sentido de la oportunidad (y de la puntualidad) extraordinario, reside en los diálogos. A veces parece una screwball comedy, otras un thriller nixoniano; cada réplica es acero afilado, milagro metálico y cortante. La revelación es una novela que habla consigo misma, y se responde sin condescendencia. A los lectores les queda el miedo en los huesos cuando reconoce que dice la verdad.

'La revelación'

A. M. Homes

Traducción de Mauricio Bach

Anagrama

448 páginas

22,90 euros