CRÍTICA

'Les feres', de Uriol Gilibets: cuando las fieras son los hombres

El periodista debuta en la novela con una historia en la que aborda la locura humana colectiva con un humor a lo Monty Python

Uriol Gilibets, autor de la novela 'Les feres'.

Uriol Gilibets, autor de la novela 'Les feres'. / EPE

Valèria Gaillard

La fascinación por el bosque es inagotable y así lo demuestra Uriol Gilibets Barbens (Solsona, 1991) en su novela debut Les feres. El bosque que se alza aquí prácticamente como el inconsciente colectivo, el espacio incómodo bajo la alfombra, el magma que encierra la caja de Pandora.

Gilibets, que había cultivado hasta ahora literatura infantil y guiones para el canal Super3, así como dirigido el programa Una història de la literatura de TV3, se lanza a la prosa y lo hace siguiendo de cerca los pasos de Raimon Caselles y Els sots feréstecs, cima de la literatura modernista catalana. Evidentemente, se trata de un homenaje, puesto que Gilibets reconduce la historia hacia donde le interesa: la locura humana colectiva.

Para empezar, el relato transcurre en un pueblo inventado, Sant Gonera, que podría situarse en el Solsonès profundo. Una mañana de Navidad, el párroco corre por la plaza en cueros y blandiendo el Santo Prepucio, reliquia que distingue al lugar. Un primer brote de locura al que le siguen otros, igual que las desapariciones, pues el párroco desaparece en la densidad del bosque. Los hogareños, sin embargo, parece que ya saben qué ha pasado: son las fieras del bosque las que lo han atraído. Cuenta la leyenda que se han hecho fuertes en el Fondo del Bosque y que llevan a la perdición a más de uno.

El relato se divide en 13 capítulos que llevan el nombre de algún elemento forestal: raíces, árboles, molsa, lobo, fuego... La historia se centra en dos personajes: Ramon, el guardabosques que alecciona sobre cómo ejercer el oficio a Esbarzer, una figura emergida del bosque de pequeño y que resulta un ser híbrido e inquietante, al menos al inicio.

Personajes prototípicos y creatividad

A través, sobre todo, de Esbarzer, descubrimos un microcosmos surrealista que recuerda –por el tono absurdo– al filme de José Luis Cuerda Amanece que no es poco. Por ejemplo, el párraco sustituto es de una belleza increíble, de manera que la misa se llena de devotas y devotos antes de desaparecer también misteriosamente en la vegetación. Y la costumbre que tienen de ir al bosque a jugar a ver quién resiste más tiempo sin caer dormido a la hora de la siesta.

Asimismo, desfilan personajes prototípicos, como Lluïsa L’Escurçona, que viene a ser la prostituta-bruja, y el alcalde Pepito Turbat, que se resiste a ser el caganer en el pesebre viviente, uno de los platos fuertes de las festividades de Sant Gonera.

"Si alguna cosa despertaba el aislamiento de Sant Gonera era la creatividad", se lee. Y Gilibets hace gala de esta creatividad en un relato sorprendente que no se queda con lo anecdótico para reflexionar sobre la sociedad, sus miedos ancestrales y absurdos, y su necesidad de encontrar culpables en su afán de tranquilidad más que de verdad.

¿Quiénes son las fieras en realidad? El autor nos muestra una sociedad absurda que oscila entre las creencias según sus intereses: "Nadie acababa de creerse nada del todo, pero todo el mundo se lo creía un poco". Con el tono esperpéntico justo, ofrece un relato con un marcado registro oral, siguiendo las historias tradicionales. Así, apostrofa muchas frases con el "no res" coloquial y deja las de los diálogos a medias.

Lo que quizá destaca más es la mezcla entre una lengua modernista y rica, con palabras dialectales (gicar, cardar), y expresiones actuales, como passar-se pel forro, follar y fotre. Una voz sugerente y singular que introduce un humor, tipo Monty Python, que no abunda en las letras catalanas.

'Les feres'

Uriol Gilibets

La Segona Perifèria

152 páginas

18 euros