REPORTAJE

Literatura desde la ultraperiferia

El éxito de ‘Panza de burro’ abre camino a nuevos narradores canarios que escriben desde su tierra, pero con la mirada dirigida hacia el mundo

Algunos de los nuevos narradores que han aparecido en Canarias se muestran incapaces de extirpar de su literatura la condición de destino turístico en el que viven.

Algunos de los nuevos narradores que han aparecido en Canarias se muestran incapaces de extirpar de su literatura la condición de destino turístico en el que viven. / ARCHIVO

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Se puede coincidir en el tiempo y en el espacio, se puede ir y volver sobre los mismos temas, como si fueran anclas que fijan la escritura al fondo marino, se pueden utilizar los mismos códigos lingüísticos y se pueden emborronar las fronteras de los géneros para crear algo nuevo, pero ¿son suficientes esas coincidencias para que ciertos escritores formen parte de una misma generación? ¿Quién decide quién integra un movimiento y por qué? ¿Qué es, en definitiva, una generación?

La literatura que germina cerca del mar, en lugares deformados por el turismo, acoge a limpiadoras de hoteles y a camareros, retrata a guiris borrachos a horas en las que los niños salen del colegio, coloca arenques para los alemanes en los estantes de los supermercados exprés y suena a My Way interpretada por un músico mal pagado que repite versiones noche tras noche. A veces también huele a aftersun.

NUEVOS NARRADORES

Algunos de los nuevos narradores que han aparecido en los últimos años en Canarias se muestran incapaces de extirpar de su literatura la condición de destino turístico en el que viven; sus obras están atravesadas por una mirada crítica hacia la industria más potente de nuestra era. La madre de la protagonista de Panza de burro (Barret, 2020), de Andrea Abreu (Tenerife, 1995), limpia en hoteles y en casas rurales: “A mí me gustaban y no me gustaban las casas rurales, quiero decir: me gustaban porque eran bonitas pero no me gustaban porque entre ellas y yo había como una pared enorme de papel transparente de cocina, papel fil, que no me dejaba participar en las mejores cosas de las casas rurales (…) Las casas rurales tenían la culpa de que los días en los que mi madre no tenía que ir al Sur a limpiar hoteles tuviese que limpiar casas rurales y no pudiésemos ir a la playa”.

Andrea Abreu

/ EPE

Esa presencia se hace notar en las obras de otros autores. Meryem el Mehdati (nacida en 1991 en Rabat, pero residente en Gran Canaria desde que tenía un mes de edad) escribe en Supersaurio (Blackie Books, 2022): “Cuando estoy muy cansada y no hay asientos libres hincho la barriga todo lo que puedo y finjo que estoy embarazada para que un guiri me ceda el asiento. Lo considero una forma de resistencia pacífica”.

Meryem el Mehdati

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Aida González Rossi (Tenerife, 1995) publicará en febrero Leche condensada (Caballo de Troya), su primera novela, que trata sobre el fin de la infancia y sobre internet como refugio cuando vives en un pueblo y eres queer. Utiliza para ello, en palabras de su editorial, “una prosa poética salvaje, sucia, rebozada en la oralidad y en la narrativa del videojuego”. Todo ocurre, también, en un contexto turístico: “Aída, la protagonista, se va a vivir con su madre, que acaba de separarse, a un piso en El Médano. Es el típico piso de las zonas turísticas de costa, semivacío y planteado para que solo estés unas dos semanas en él; tienen que habitar y llenar un espacio construido para les guiris. Quise mostrar que los lugares turistificados se van quedando sin sitio para las personas que no son turistas, esa cosa como de estar de prestado”, dice la autora.

Aida González Rossi

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Nicolás Dorta (Tenerife, 1978) se estrenó en 2020 con Las zonas comunes (Ediciones Franz), un libro de relatos en el que demostró su don para afinar el lenguaje, y publicó el pasado año Doble cristal (Diego Pun Ediciones), su primera novela. Como los mejores narradores, huye de los adjetivos, sin que ello suponga renunciar a contar historias que desprenden nostalgia; su mirada descriptiva evoca pueblos y épocas ya pasadas sin caer en el sentimentalismo. Aunque sus relatos no están situados en un lugar exacto del territorio, también él sospecha que su condición isleña ha influido en su escritura. “Crecí en una zona de Tenerife donde todavía no había llegado el turismo. Luego llegó y nunca más se fue. Lo que he escrito hasta ahora hace referencia a aquellos años. Era un mundo analógico y algo salvaje. No sabría decir si me ha influido vivir en una isla a la hora de escribir, pero supongo que sí porque no he vivido en otro sitio”, explica.

"La narrativa canaria no se limita al territorio, se hace preguntas que la humanidad siempre se ha planteado y formula otras específicas de nuestro tiempo"

Sin embargo, los temas que aborda la narrativa canaria no se limitan al territorio; se expanden para hacerse preguntas que la humanidad siempre se ha planteado, pero también para formular otras específicas de nuestro tiempo. Parte de la ficción actual se sumerge en la sexualidad diversa, la ruralidad, el conflicto identitario o las condiciones laborales de la generación más preparada de la historia, y lo hace mezclando géneros, reinventando la tradición literaria local, desechando cualquier prejuicio hacia el léxico canario e incorporando códigos lingüísticos propios de la edad.

TURISMO

“La cuestión del turismo ha estado y está ahí, con Alonso Quesada desde principios del siglo XX, y ese testigo lo han heredado otres autores. El turismo ahora está más interiorizado”, explica Paula Fernández (Tenerife, 1987), doctora en Literatura y Estudios Culturales Hispánicos por la Universidad de Florida (EEUU), que lleva años con la mirada puesta en la poesía canaria y caribeña contemporánea desde un enfoque feminista y descolonial.

Nicolás Dorta

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Otra prueba de la exploración de temas actuales y universales de la literatura canaria es Supersaurio. El Mehdati cuenta la vida de una joven que vive en un municipio turistificado para abordar la identidad desde varias perspectivas: el trabajo y los orígenes. “Una de mis motivaciones fue querer entender mejor cómo nos comportamos en el contexto del trabajo, en qué personas nos convertimos delante de nuestros jefes y nuestros compañeros y qué sacrificamos a cambio de un sueldo que necesitamos para vivir”, apunta.

Además de criticar la trampa de la meritocracia, la autora aspira a servir de referencia para otras jóvenes españolas musulmanas que, como ella, no han logrado encontrarse a sí mismas en la literatura. “Resulta difícil crecer sin verte reflejada en ninguna parte. Piensas que has de recalibrar tus aspiraciones u olvidar tus sueños porque nadie que se parezca a ti está dedicándose a eso a lo que a ti te gustaría dedicarte”.

"Es ineludible que hay un grupo de autores que apuestan por una escritura muy situada que permite que las propuestas de sus creadores sean muy diversas”

Por su parte, Marcos Dosantos (Tenerife, 1991) acaba de publicar Cuadernos del Subtrópico Norte (Ediciones El Drago), un libro collage en el que habla de “desamores de fábula, aguacates venerados y azafatas alcohólicas”. Después de 13 años viviendo fuera de las Islas, ha exprimido la memoria para “redefinir sus recuerdos”. “El conflicto identitario forma parte de mí. Mis orígenes, pero también mi orientación sexual. El libro es una especie de bitácora de juegos y de experimento en torno a un territorio supuestamente real, pero con bastante carga de ficción. Planteo que no hay ninguna forma de ser canario; la canariedad no puede ser ni un obstáculo ni tampoco una deidad”.

Marcos Dosantos

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El territorio está casi siempre presente en la escritura de los jóvenes escritores canarios: “Panza de burro hace una revisión crítica de lo canario para romper esa imagen ideal de lo turístico y llevarnos a una precariedad rural donde el dialecto es marcadamente distinto y te sirve como barrera de separación, pero donde las vidas están más complejizadas”, argumenta Dosantos.

Paula Fernández no está segura de si se puede hablar de una generación. “Es ineludible que hay un grupo de escritoras y escritores que apuestan por algo genuino, por una escritura muy situada que permite que las propuestas de sus creadores sean muy diversas”. Destaca, además, que la proyección de Panza de burro “ha permitido dar a conocer una escritura que había estado aquí mucho tiempo, con Víctor Ramírez y otros autores, y actualizarla. A toda esa escritura muy oralizada, con entornos rurales, Andrea Abreu le da una vuelta, la personaliza, la actualiza de una manera magistral”.

Una antología de jóvenes escritores canarios

Esta efervescencia creativa se materializará en los próximos meses en la publicación de una antología de jóvenes escritores canarios en la que se incluirán autores nacidos entre finales de los 80 del siglo pasado y principios de los 2000, como es el caso de Aida González Rossi, Andrea Abreu o Marcos Dosantos. Esta compilación -propuesta por Elsa López, escritora y premio Canarias de Literatura- incluirá las propuestas de 19 autores y abarcará tanto narrativa como poesía. “No aparecen todos, pero es una representación”, explica la docente Paula Fernández. Esta iniciativa surgió en el contexto de la celebración del festival de jóvenes autores canarios Fleje, cuya primera edición se desarrolló en 2022 en el municipio palmero de Fuencaliente.


La nómina de participantes en esta antología avala la expansión que, según Fernández, ha experimentado el concepto de literatura canaria. “Hay propuestas situadas en Canarias, pero también deslocalizadas. Por ejemplo, Dimas Prychyslyy [nacido en Ucrania, pero residente en Canarias desde muy joven] también tiene una historia situada en el archipiélago por su experiencia vital. Si se abre el concepto de literatura canaria y se abre el de oralidad en la escritura, el de la sexualidad y el de tantos temas, como el turismo, se permite que entren otras opciones y que se cree un grupo, una constelación de escritores muy variados que dialogan entre ellos”.