CRÍTICA

'Bastarda', de Dorothy Allison: hueso de diamante

La recuperación de ‘Bastarda’, celebrada novela autobiográfica de Dorothy Allison, permite acceder a un testimonio terrible sobre el abuso y la violencia en el ámbito familiar

La escritora estadounidense Dorothy Allison

La escritora estadounidense Dorothy Allison / EPE

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Sergi Sánchez

"¡Eres un hueso duro de roer […]! Más fría que la muerte, más mala que una víbora, y el doble de traicionera", grita el padrastro de Bone. Bone es un hueso, "cresta ilíaca, cervical, rótula y falange", un cráneo de diamantes para la eternidad, irrompible incluso para el más cruel y mezquino de los abusadores. Bone es el apodo para una niña que nació sin nombre, proscrita en el registro civil, condenada a buscar su identidad entre los escombros de ese proletariado que un día votará a Donald Trump cargando sus fusiles en algún rincón de Carolina del Sur, entre botellas rotas y olor a tinte.

Bastarda es la historia de Bone, que es, también, la de su autora, Dorothy Allison (Greenville, EEUU, 1949): una novela que sangra amor y rabia, que fue candidata al National Book Award en 1992 y que es uno de los testimonios más terribles sobre el abuso físico y psicológico en el ámbito familiar que este crítico haya leído jamás (la adaptación televisiva que dirigió Anjelica Huston, Bastard out of Carolina, se queda corta, aunque Ted Turner, el puritano que financió el filme, no quiso emitirla cuando vio el resultado final).

UNA MIRADA A LO MÁS ESCABROSO

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Qué fácil habría sido caer en el sensacionalismo barato con semejante historia. Como siempre, es la literatura la que sale al rescate de lo espinoso del tema. Y lo hace sin apartar la mirada de lo más escabroso: aquí hay castigos, violaciones, torturas, un catálogo de brutalidades. Es necesario que Bone ponga palabras a su sufrimiento, porque solo así entenderemos la complejidad de las emociones de la víctima -memorable el momento en que confiesa masturbarse fantaseando con los latigazos de su padrastro-, que lo es porque rezuma vida. Su voz lo es todo en Bastarda: desde esos 12 años que maduran a golpes, también comprenderemos las razones de ese monstruo que vomita su frustración cobarde sobre la única persona que tiene un futuro en ese lodazal de sueños hundidos y, sobre todo, los motivos de esa madre que consiente la violencia y que la condena cuando es demasiado tarde, atrapada entre el deseo por una vida mejor y el amor a su hija ilegítima. 

Allison sabe trabajar con ese material sensible, que habría hecho las delicias del Donald Ray Pollock de Knockemstiff y de la Flannery O’Connor de Un hombre bueno es difícil de encontrar, para darle una dimensión política. La voz de Bone, de una enorme vivacidad a pesar del cansancio y de la culpa y de las ganas de venganza, reverbera en la genealogía familiar de la white trash americana. Entonces la novela también es lo que hay alrededor de Bone y de su madre, Anney, y del padrastro terrible, Glenn. Esa hojarasca que son los hombres, duros y violentos, del clan Boatwright y ese refugio que son las tías de Bone, capaces de perdonar lo imperdonable a sus maridos pero también de tejer una red de sororidad femenina, un coro griego que cuenta historias y lame las heridas de la víctima como si fueran las suyas. Y esa violencia de género que se asume, también, como un complejo de inferioridad de clase, y que se entiende desde una misoginia tribal, endémica, como el código genético de una cultura de control y sumisión que no solo pertenece a América, y que esta magnífica novela, no apta para públicos sensibles, documenta como si su historia fuera la que nos esconden cada día los telediarios.

'Bastarda'

Dorothy Allison

Traducción de Regina López Muñoz

Errata Naturae

451 páginas

24,50 euros