ENTREVISTA

Alejandro Palomas: "Yo decidiré cuándo me muero"

Al cumplirse un año de su confesión más pública, el haber sido abusado por un sacerdote cuando tenía ocho años, el escritor charla con 'ABRIL' sobre el libro que surgió de lo vivido en esos meses, 'Esto no se dice'

El escritor Alejandro Palomas, fotografiado en Barcelona

El escritor Alejandro Palomas, fotografiado en Barcelona / Ferrán Nadeu

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Alejandro Palomas (Barcelona, 1967) está "agotado". Lo confiesa, delante de un café con leche bien caliente, sentado en el patio de una de sus librerías favoritas de su cuidad natal, con ese brillo en los ojos que denota serenidad y confianza; también bonhomía.

Dice haber pasado una mala noche, eterna, de insomnio –incluso ha redactado, mentalmente, su testamento–, está en estado medio febril y eso hace, según advierte al comienzo de nuestra conversación, que sus respuestas sean todavía más sinceras, desinhibidas. Sin embargo, me cuesta creerle cuando asegura que está "cansado de escribir". Aunque tal vez sea, como sostiene, que es "muy niño" y lo que no soporta es aburrirse.

"Niño", esa palabra, saldrá varias veces durante la larga charla. El niño de ocho años que fue violado por un sacerdote. El niño de 55 años que se atrevió a contarlo públicamente, a dar testimonio, a ofrecer su propio relato para que otros pudieran tener el suyo. Lo que pasó después le ha dejado huella.

No es un Alejandro diferente, ni mejor. Es el Alejandro que quiere ser. Y eso, precisamente, ese proceso de construcción vital en absoluta soledad es lo que cuenta en Esto no se dice (Destino), el libro que surgió de todas las vivencias del último año, no siempre buenas. Ahora, afronta con ilusión su nuevo proyecto de subirse a un escenario. Porque la vida, la suya, la nuestra, es bonita, pese a todo.

P. Después del año que ha vivido, ¿cómo está, cómo se encuentra?

R. Esta promoción ha sido muy dura, porque nadie me ha preguntado cómo estoy. La primera persona que me lo pregunta es usted. Los grandes entrevistadores se han ceñido única y exclusivamente a los hechos, a entrevistarme, no sobre el libro, sino sobre una crónica de sucesos, ninguno realmente ha entendido que esto era un libro, que era una creación, nadie lo ha entendido.

P. Pero los lectores sí, ¿no?

R. Los lectores, todos.

P. Eso es lo importante.

R. Eso es lo heavy, a ellos no les cuesta nada, ven el libro y piensan: aquí tiene que haber creatividad. En cambio, los periodistas, ni uno.

P. Cuando confesó que había sufrido abusos, ¿en algún momento temió que la prensa se olvidara de que es un escritor, que el Alejandro Palomas víctima eclipsara al Alejandro Palomas autor?

R. Lo temí porque alguien me lo dijo. Me doy cuenta, también, de que los periodistas no tienen capacidad lectora. La lectura pasa por su vida sin pasar por ella, no entran, y ninguno ha entendido nada.

P. ¿Qué tenían que entender?

R. Tenían que entender que lo de los abusos es lo que menos importa, que es única y exclusivamente el punto de partida. Yo no quería volver atrás, ni volver a explicar todo aquello que pasó en febrero. Además, es que odio la actualidad, yo no quería otro pico de actualidad.

P. Y, entonces, ¿cómo vivió el hecho de convertirse en actualidad?

R. Hice un máster en actualidad, aprendí tanto en tres semanas…

"Eres un producto de usar y tirar. Es un mundo muy feo… Me llegaron a ofrecer dinero en un programa de cotilleos para que fuera"

P. ¿Qué aprendió?

R. Aprendí que hay tantos periodistas que supuestamente hacen periodismo social y comprometido y no es verdad; hacen actualidad pura y dura, pero se venden como los grandes adalides de la cosa social, del espíritu de la solidaridad… ¡Mentira! Tú eres un producto de usar y tirar. Además, es un mundo muy feo… Me llegaron a ofrecer dinero en un programa de fin de semana de cotilleos para que fuera.

P. ¿Y le compensó todo aquello?

R. Me compensó, pero no por lo que provoqué fuera de mí, sino por todo lo que me ha conllevado a mí y con sorpresas que he tenido a nivel creativo. Mi vida es eso, crear cosas. Entonces, de repente me ha abierto unas puertas que me gustan, he conocido a gente muy guay, también…

P. Al presidente del Gobierno…

R. (Ríe) A ver, debo decir que me gustó conocerlo, me gustó tenerlo sentado a mi lado y hablarle como hablo con usted, porque yo no puedo hacer diferencias, y me gustó ver la vulnerabilidad de este hombre, porque a mí me atrae mucho la vulnerabilidad de las personas. Pero no sé si volvería a hacerlo, creo que no, no. Sí volvería a escribir el libro y quizá volvería a hacerlo sin pasar por todo aquello que pasé, directamente escribir el libro. Porque me ha encantado escribirlo.

El autor Alejandro Palomas, en un momento de la entrevista con 'ABRIL' en Barcelona

/ Ferrán Nadeu

P. Ahí es donde yo quería llegar: ¿cómo acaba escribiendo el libro?

R. La idea no es mía. En cuanto yo salgo, hay dos editores, que no son de Destino, que me llaman y me dicen si he pensado en escribir algo. Yo no lo había pensado, y pensé que me gustaría hacerlo, pero que me gustaría hacer algo distinto, utilizar este material para hacer algo diferente de cosas tipo Instrumental. Pensé: no quiero ser el Instrumental español, quiero ser otra cosa y quiero hablar de la evolución personal de alguien, quiero entenderme, también.

P. Yo creo que lo escribe para eso.

R. Sí, y quiero que sea bonito, porque mi vida es muy bonita. Quiero que la gente entienda que no por eso mi vida ha dejado de ser bonita. Pensé: quiero hacer este recorrido y quiero ver a mi madre en este recorrido, quiero vernos juntos.

P. Es que, al final, el libro es una carta de amor que le escribe a ella.

R. Sí, en realidad es como tener un álbum de fotos de mi madre y de mí e irlo repasando juntos. Me parece un milagro haberlo hecho. Además, en tan poco tiempo, porque Destino lo quiso sacar muy rápido, porque, claro, la novedad…

P. La actualidad…

R. La actualidad, la novedad, la todo. Yo lo entendía... Pero es que... ¿Sabe qué pasa? Yo soy un escritor muy desencajado.

P. ¿Desencajado en qué sentido?

R. Nunca he encajado en el mundo literario, nunca he tenido un sitio al lado de nadie. Eso me lo ha puesto difícil muchas veces, porque siempre me he sentido fuera de. Luego, tampoco he querido estar dentro de.

P. ¿Pero compensa estar dentro de?

R. No, nada, cero. Pero no me compensa estar dentro de ningún ámbito, prefiero estar fuera.

P. ¿Y ese sentimiento se traslada a su vida, es algo paralelo?

R. Sí, estoy desvinculado, no tengo un vínculo. Entonces, no puedo esperar ayudas, porque…

P. La ayuda de su madre fue vital.

R. Sí, eso lo he tenido, y de mis hermanas, que son maravillosas. Pero del mundo más allá de eso no he tenido mucha ayuda, en mi carrera no he tenido mucha ayuda. Porque tampoco he querido pagar el precio de formar parte de un grupo que se ayuda. Odio eso, no me gusta nada.

P. Las camarillas, ¿no?

R. ¡Pero es que está lleno! Yo nunca he entrado en ninguna, tampoco nadie me ha querido. Eso me da mucha libertad, pero me ha costado mucho, porque lo editores no sabían qué hacer conmigo.

P. No sabían dónde ubicarle.

R. Sí, y lo entendía, porque yo tampoco sabía qué hacer conmigo. Y, luego, porque tengo ese síndrome del impostor tan terrible. Cuando recibo alguna invitación siempre creo que se les ha caído alguien y me llaman porque hay que rellenar.

"Nunca he encajado en el mundo literario, nunca he tenido un sitio al lado de nadie. Eso me lo ha puesto difícil muchas veces"

P. Teniendo en cuenta que le robaron parte de su infancia, ¿quién escribió este libro: el Alejandro Palomas adulto, el que no pudo ser niño, el que quiere volver a ser niño?

R. Cuando escribía el libro, pensaba que iba a ser mi último libro, que me moriría después.

P. ¿Por que ya no aguantaría más?

R. No, que me moriría y ya está, ya no tendría que hacer nada más. Yo soy dos Alejandros: el que dice yo fui un niño violado, y el otro, que dice yo soy un niño violado. El que habla en presente y el que habla en pasado. El que habla en presente es el niño de ocho años, y el que habla en pasado es el hombre de 55. Y en el libro van los dos de la mano, es como si yo tuviera un hermano pequeño al que tuviera que cuidar siempre, porque sé que si en algún momento lo descuido y se muere, me moriría yo también.

P. En el libro dice que no hay nada más difícil que saber preguntar.

R. Ay, sí.

P. ¿Cuál ha sido la pregunta más difícil que se ha hecho y cuál es la que no ha sido capaz de plantearse?

R. A ver, la que no me he atrevido a hacerme no existe. No paro de preguntarme, no hay pregunta que no me haya hecho. Y la pregunta más difícil que me he hecho es si quiero seguir viviendo, porque la respuesta no siempre es sí.

P. ¿Y qué ha pasado cuando la respuesta no ha sido sí? ¿Pidió ayuda?

R. Es que yo decidiré cuándo me muero. Entonces, no he pedido ayuda. Simplemente, no he sentido que sea el momento. Para mí es un privilegio poder pensar que me moriré cuando yo decida.

P. ¿No le tiene miedo a la muerte?

R. No, nada, al revés, me alivia muchísimo que exista la muerte. Para mí no es nada dramático, es lucidez pura. La gente te dice, bueno, quieres hablar de esto porque estás pasando por un mal momento… Yo no estoy pasando por ningún mal momento, quiero hablar de esto porque es un tema que nos toca a todos.

P. Sí, lo tenemos pendiente.

R. Claro, es que nos vamos a morir y, a diferencia de los animales, el hombre tiene la capacidad de decidir si quiere seguir viviendo.

P. ¿Esa relación sana que tiene con la muerte le ha ayudado a sobrellevar el duelo por su madre?

R. Sí, muchísimo, todos los duelos. Porque sé que en cualquier momento, cuando yo lo decida, me reuniré con ellos. Yo estoy seguro de que están esperándome. Pero, aunque no lo estuvieran, es que somos finitos y es terrible tener que luchar contra eso. Si fuéramos conscientes de nuestra finitud, bregaríamos de forma distinta y mucho más sana con el tiempo, con la vida, con todo, sería distinto.

Alejandro Palomas, en Barcelona

/ Ferrán Nadeu

P. Volvamos a la escritura. Es evidente que ayuda a hacer visible la herida, pero ¿la cura?

R. No. La cura el trabajo con un terapeuta. La expone y la descubre, pero el trabajo de curación es personal. No me gustan los escritores que utilizan su obra para hacer terapia. Es una falta de respeto, porque ¿tú haces terapia y cobras veinte pavos a la gente para que lean tu terapia? Me parece horrible, una estafa.

P. ¿Y por qué escribimos?

R. Pues yo creo que hay un gran componente de ego en la escritura. Yo lo tengo, confieso que lo tengo, pero me río mucho, porque lo veo. Tengo muy buen diálogo conmigo mismo y eso me ha ayudado muchísimo. Eso te aleja de la locura. Yo nunca he estado cerca de la locura.

P. ¿Para qué cree que ha servido todo lo que le ha pasado este año?

R. Creo que ha pasado muchísimo menos de lo que parece. No interesa que pase nada, se admite el ruido, pero no el cambio. El ruido es siempre bienvenido, pero, más allá, llega el peligro de tener que tomar medidas y cambiar cosas y que eso incida en la realidad. Cuando sale alguien y da esta bofetada de actualidad...

P. De realidad.

R. Sí, que rápidamente se convierte en actualidad para no quedar en realidad, se activan muchas defensas. No dejan que esto impregne, no vamos a conseguirlo. La batalla está perdida de antemano.

P. Y aun así la inició.

R. Sí. Yo no fui consciente de que iba a crear toda esta movida y cuando empezó a pasar jamás imaginé que dejaría de pasar, que llegaría un día que ya no interesaría. Nadie más llamó nunca, desapareció todo el mundo. Y yo pensé: vale, pues he aprendido que hay una cosa que se llama actualidad y otra que es la realidad. Entonces, me metí un poco en intentar convertirlo en realidad a través del activismo y no es mi movida, no me gusta hacer cosas con gente, porque no me entiendo. Yo hago las cosas solo y si tengo que ir a ver a un presidente voy solo.

P. Le cito: "No me iré de aquí sin haberme sentido libre del todo".

R. Sí, es muy difícil, porque la libertad es la mayor responsabilidad. Cuando eres libre, todas las decisiones las tienes que tomar tú, nadie te dice lo que tienes que hacer. Yo ahora soy muy libre, hago lo que me da la gana, vivo solo, pero tengo que decidir lo que hago. Es muy cansado no dar explicaciones a nadie.

P. ¿Echa de menos tener a alguien?

R. ¡No! (Ríe) No sabría, nunca lo he tenido. Nunca he tenido un jefe, nunca he llevado una corbata, nunca he tenido que reportar… 

P. ¿También a nivel personal?

R. Sí. Lo que no sabía es que el síndrome del impostor afecta también a tu vida personal. Una de las preguntas que me hicieron en la parte actualidad, no libro, es: ¿por qué tardaste tanto en contarlo? Tardé un año en contarlo porque el Alejandro B ya no pudo seguir solo ayudando al Alejandro A, tuvo que pedir ayuda. Fue entonces cuando me atreví a decírselo a mi madre. Si yo hubiera podido seguir más tiempo, no lo habría hecho. En el momento en que yo lo cuento, siento que he fallado.

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P. La culpabilidad...

R. Sí, y que he fracasado. Me convierto en un niño hiperexigente conmigo mismo y siempre tengo la sensación de que nunca estoy a la altura de mis propias exigencias, que creo que son las exigencias de los demás. Y desde entonces hasta ahora. Tendría que haber podido y no pude, no fui capaz y, desde entonces, sentí que era un fracasado.

'Esto no se dice'

Alejandro Palomas

Destino

320 páginas

19,90 euros