CRÍTICA

Nora Ephron: risas y verdades de una mujer

Diez años después de la muerte de la autora estadounidense, las librerías han españolas recibido su último libro, ‘No me acuerdo de nada’, y las reediciones de los clásicos ‘Ensalada loca’ y ‘Se acabó el pastel’

La escritora, guionista y cineasta estadounidense Nora Ephron

La escritora, guionista y cineasta estadounidense Nora Ephron / EPE

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José Luis G. Gómez

"Divido mi vida en décadas. Casi cada 10 años, algo en mi trabajo y vida cambia. Mi veintena fue mi fase dedicada al periodismo, luego llegaron mis días de guionista de cine, después me convertí en directora y ahora he comenzado a escribir obras de teatro…". Así repasaba su carrera Nora Ephron (Nueva York, 1941-2012) en una de sus últimas entrevistas. Y no es una tarea fácil abarcar una vida creativa tan extensa y variada, una que le llevó de enfant terrible del Nuevo Periodismo estadounidense en los 60 a cineasta especialista en comedias románticas en los 90. Pero antes de todo eso, fue una niña que quiso ser Dorothy Parker. Y también lo logró, como prueban dos libros ya clásicos: Ensalada loca (1975) y Se acabó el pastel (1983), que Anagrama reedita e introduce en la Colección Panorama de Narrativas. Además, tras una década de su muerte, nos llega su último libro: No me acuerdo de nada, reflexión sincera y muy divertida sobre hacerse mayor.

En Nora Ephron la clave es el humor, el buen humor. Era una mujer divertida y su enorme ingenio, unido a una curiosidad sin límites, hicieron de ella la escritora que ella deseaba ser: una Dorothy Parker joven y mucho menos ácida y cruel. Nacida en el seno de una familia en la que todas las mujeres debían desarrollar una carrera, quiso escribir, siguiendo los pasos de sus padres, una de las parejas de guionistas más reconocidas en el Hollywood de los 40 y 50. Pero sus primeros pasos fueron en el periodismo.

En Newsweek fue chica del correo y participó en una demanda judicial que reclamaba que las mujeres fuesen admitidas en la redacción, y después se curtió en el New York Post, diario duro y popular en el que escribió de todo: "Cubrí política y asesinatos, juicios, entrevistas a estrellas de cine y bodas de hijas de presidentes. La plantilla era reducida y había muchas noticias", según recordaba.

De sus años de periodista surge Ensalada loca (1975), selección de su trabajo en aquellos tiempos, en los que la mujer es la gran protagonista y que incluye uno de sus textos más conocidos: Algunas observaciones sobre pechos. Se trata de un texto afilado y sincerísimo, que publicó en Esquire en 1972, en el que reflexiona sobre cómo es la vida de las mujeres con pechos pequeños, como ella misma. Este libro justifica que hablemos de ella como la Dorothy Parker de los 70. Y aún hoy es una obra hilarante y reveladora. Y no es que el resto sea inferior, para nada: cada página de estos artículos es una divertida invitación a ver el mundo de una manera nueva, sencilla y sorprendente. Así de rompedoras deben ser las obras combativas; porque Ensalada loca es una bomba feminista en medio de la fiesta de los chicos del Nuevo Periodismo. Mientras ellos creían que iban a cambiar el mundo siendo los más listos, ella ahondó en las miserias machistas del porno o dinamitó la supuesta posición reservada a la mujer en la sociedad contemporánea, y lo hizo con una sonrisa amable y contagiosa.

EXPERIENCIA PROPIA

Se acabó el pastel (1983) es la única novela de Nora Ephron, y quizá también sea su única obra nacida de la necesidad de venganza. "La narradora, Rachel Samstat, judía neoyorquina, hija de un actor secundario y de una agente de actores (que se especializaba en enanos y en rostros con cicatrices), es una escritora de libros de cocina con más ingenio que recetas, que vive en Washington y está casada con Mark, un afamado periodista político. Es feliz, tiene un hijo y está embarazada de siete meses cuando descubre que su marido está enamorado de Thelma, la esposa de un diplomático. Al parecer, todos, incluido el marido de Thelma, sabían lo que estaba sucediendo a espaldas de Rachel". Esta es la sinopsis de la novela, suerte de versión alterada de su propia experiencia con el periodista Carl Berstein. Su tabla de salvación ante el engaño de su pareja fue el humor, y de paso logró un resonante best seller que pocos años después también llegó a los cines. Este ajuste de cuentas personal también sirve de análisis de cierta clase social adinerada, culta y, según ellos, crítica y combativa.

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Tras el éxito de Se acabó el pastel, decidió seguir la tradición familiar y se convirtió en exitosa guionista, con títulos como Cuando Harry encontró a Sally (1989), para terminar dando el salto a la dirección con taquillazos como Algo para recordar (1993) y Tienes un e-mail (1998). La escritura cinematográfica primero y después la dramaturgia nos robaron a la Dorothy Parker de Ensalada loca, y tampoco sabremos nunca qué otras novelas pudo haber escrito. Nos queda como consuelo No me acuerdo de nada (2010), el último libro que publicó y que llega al lector español con años de retraso.

Basta comenzar a leer No me acuerdo de nada para descubrir que jamás perdió su mordacidad y que su mirada seguía tan precisa como en sus años de reportera. Estas reflexiones de madurez nos la muestran tan honesta y directa como siempre, tan curiosa como pocos lo han sido y tan divertida como solo ella lo fue. Sí, fue la Dorothy Parker que ella quiso ser, y la única desgracia para sus lectores es que también quiso ser directora de cine, lo que nos dejó sin unos cuantos buenos libros. Pero hay que felicitarse de que las librerías españolas vuelven a ofrecer en sus estanterías a una de las escritoras más discretas e interesantes de su tiempo, ese que sigue siendo el nuestro. En su lista de cosas que no iba a echar de menos al morir reservó el último lugar a "desmaquillarme todas las noches" y destacó dos veces "el correo electrónico". Sin duda, fue una mujer sabia, sincera y muy divertida.