MISCELÁNEA

He venido a hablar de mi libro: Paloma Bravo

Yo escribía para que no se me escapara nada de mi padre: su bondad, su integridad, su timidez, su reflexión, su compromiso con los otros

La escritora Paloma Bravo

La escritora Paloma Bravo / EPE

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Paloma Bravo

Hace ya doce años que publiqué el primero que escribía con ganas de cruzar esa frontera mágica: del ordenador a la librería. Se titulaba La novia de papá y vendió miles de ejemplares. Luego derivó en blog, obra de teatro y casi terapia para lectores reenganchados a la pareja. Mi segunda novela, La piel de Mica, se adaptó al teatro, en inglés, en Nueva York. La tercera, Solos, va a ser película. La cuarta, Las incorrectas, es contagiosa. Me iba bien con la ficción y de repente…

De repente, el cáncer terminal desembarcó en casa. Había leído libros sobre el duelo, convencida de que así sabría anticipar la pérdida. Defendía (y defiendo) la eutanasia… Juraba no tener miedo a la muerte. Y, sin embargo, no era consciente de que solemos alargar la vejez y no la vida.

A mi padre le dijeron que iba a morir y, mucho antes de sobrevivir a su ausencia, tuve que aprender a estar con él, con él enfermo. Nadie me había enseñado a acompañar. Y para esto -para la crueldad y la desesperanza de un cuerpo irremediablemente enfermo-, ni siquiera encontraba un libro. 

Con muchísimo esfuerzo y amor, mis hermanos, mi madre y yo construimos una red alrededor de mi padre, una red de amor, croissants y partidas de dominó. Y es que querer es un verbo activo. "Amar es actuar", que decía Víctor Hugo.

Pero, ante una enfermedad terminal, estar es dificilísimo. Porque la muerte es agotadora, pegajosa, desagradable. Porque a los mayores se les trata con un paternalismo indigno. Porque algunos médicos (pocos, cada vez menos) miran el órgano enfermo y no al paciente. Porque cuidar agota y los cuidadores no sabemos cuidarnos. Yo me rompí y tuve que pedir ayuda: a mis amigos y a un psicólogo que me recompuso para seguir cuidando. En medio tuvimos una pandemia, aplausos y caceroladas, miedo, insolidaridad y muerte.

Escribir contra la pérdida

Yo escribía para que no se me escapara nada de mi padre: su bondad, su integridad, su timidez, su reflexión, su compromiso con los otros. Escribía para no perderlo, para aprehenderlo. Escribía cuando ya había muerto.

Terminé el manuscrito y vi que era la historia de un aprendizaje: apuntes de acompañamiento. Sé que lo personal es universal y político; pero dudé: mi padre era un hombre discreto. Quizá este libro debía quedarse en mi ordenador. Al final, se lo mandé a mi agente, convencida de que me diría: "Estupendo, ya te has hecho la terapia; ahora ponte de una vez con otra novela". Pero no. Me dijo: "Este libro me ha hecho mejor. Es extraordinario. Hay que publicarlo".

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Para eso está la literatura, ¿no? Para acompañarnos, removernos y cambiarnos; para hacernos mejores. El libro lleva semanas en manos de desconocidos. A muchos lectores les devuelve amor. A mí también.

Ya he vuelto a la ficción, a contar la verdad desde otro lado, desde la ironía, la honestidad y la lucidez; desde un inconformismo comprometido y feroz. En septiembre de 2023 publicaré otra novela. Divertida, gamberra y revolucionaria. Sigo convencida de que leer es poder.

'Una historia de amores'

Paloma Bravo

Contraluz editorial

344 páginas

20,95 euros