PERFIL

Carlos del Amor, el escritor de la tele

Cada día plasma su visión literaria de la vida en las piezas televisivas que inundan el Telediario de TVE de la belleza que nos rodea

El periodista y escritor Carlos del Amor

El periodista y escritor Carlos del Amor / JEOSM

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Un dedal. Un objeto tan sencillo y, a la vez, tan fascinante. Con él empezó, de algún modo, la relación de Carlos del Amor (Murcia, 1974) con la escritura, su visión literaria de la vida en su conjunto. Esa que, cada día, procura plasmar en las piezas televisivas que inundan el Telediario de TVE de la belleza que nos rodea.

Tendría doce o trece años cuando, jugando con su madre, fue capaz de armar, en cuestión de minutos y partiendo de esa palabra, dedal, un relato con su principio y su final y con tanto sentido de la ficción que se quedó para siempre en su realidad.

"En el fondo, lo que he hecho durante toda mi carrera ha sido seguir con ese dedal". Lo confiesa mientras de fondo suenan Tom Waits, Patti Smith o Nick Cave en una suerte de perfecto rodaje improvisado –hemos quedado en la madrileña librería La Buena Vida, tan cinematográfica ella, propiedad de Jesús Trueba–, pues la música de cualquiera de los tres podría aparecer, sin desafinar, en sus reportajes.

No le dio la nota para estudiar, de primeras, Periodismo, así que empezó con Documentación. Al llegar a Madrid desde su Murcia natal, Capote, Wolfe y compañía –no tenía dinero para comprar sus libros, por lo que los sacaba de la Biblioteca Pedro Salinas, en Puerta de Toledo– le abrieron "los ojos a una nueva forma de contar las cosas". Y eso, narrar lo que sucede de una manera distinta y en la pequeña pantalla, es lo que lleva haciendo ya veinte años.

El libro le parece "un objeto sagrado, de culto", y nunca se imaginó su nombre impreso en la cubierta de uno. Pero acabó siendo escritor. Para ello, en su trayectoria, cual cometa, se cruzó la editora Belén Bermejo, fallecida en 2020. El e-mail en el que le proponía que escribiera algo, lo que quisiera, relatos, tal vez, le llegó en un viaje de placer por Japón. Fuera o no cosa del jet lag, Del Amor se atrevió a dar el salto, pero lo hizo con la seguridad de que no sería mortal.

Eligió la narrativa breve, un género más acorde con el lenguaje televisivo, más cercano a su cotidiana tarea de "imaginar algo que es improbable que suceda". A aquel debut, La vida a veces (2013), cuyo título está sacado de un poema de Jaime Gil de Biedma, le siguieron, sin embargo, dos novelas: El año sin verano (2015) y Confabulación (2017).

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En los últimos años se ha pasado al otro lado, el de la no ficción, con títulos como Emocionarte (premio Espasa 2020) y el Retratarte, recién llegado a las librerías. Él, que antes de entrar en un sitio pregunta siempre quién hay dentro, asegura que es "un invitado en esto, no soy escritor".

Su forma de mirar, iluminando la vida oculta de los objetos en cada plano, contando sus historias, le contradice. Dice ser de naturaleza pesimista. Pero es realista, y hace bien. "Es verdad que salir en la televisión me ha abierto muchas puertas", se justifica. Y le ha cerrado otras, también, aunque eso no lo diga él. "Trato de aplicar literatura a la realidad. Se puede informar intentando escribir bien. Prefiero que me digan que soy un poeta a ser un notario de la realidad".