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'La familia', de Sara Mesa: cronología del desencanto

La autora madrileña establece con este excelente retrato doméstico la piedra de toque del desasosiego contemporáneo. Un libro hiriente y punzante en su tranquila gramaticalidad

La escritora Sara Mesa. 

La escritora Sara Mesa.  / SONIA FRAGA

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Ricardo Baixeras

La familia. "Mírala desde el ojo del sueño. El pasillo como centro geográfico y frontera. Estancias a los lados. Recórrelo sin ser vista, de una punta a otra. O cruza, de una habitación a la de enfrente, mediante un salto limpio. Arriésgate a entrar. Quizá ya hay alguien dentro, no lo sabes. En caso de que sí, calla, recula. En caso contrario, no eches el cerrojo. No hay cerrojo". Hacia la transgresión de este límite de las emociones cerrado sobre sí mismo dirige su escritura Sara Mesa (Madrid, 1976) en esta nueva novela que ensancha un territorio marcado por atmósferas tan opresivas como sórdidas siempre y cuando se entienda que estos espacios carcelarios son siempre lugares en los que se transita de la seguridad hacia las incertidumbres que asolan a sus personajes. Y a sus lectores. 

Desgarro íntimo el que cuenta esta novela como una ampliación del campo de batalla del inicio de Ana Karenina de Tolstói ("Todas las familias felices se parecen; las desdichadas lo son cada una a su modo"), sentencia que podría dar cuenta de la soledad sobre las que pivota La familia, un libro hiriente y punzante en su tranquila gramaticalidad y en la calidad de lo que no dice, el desaliento silencioso que no es sino un mar de oprobios ominosos en una cronología cotidiana del desencanto. Y está aquí la misma Mesa colocando en el lugar exacto esos huecos hirientes, vacíos y atrevidos que romperán la nada apacible vida del Proyecto que Damián y Laura, Padre autoritario y Madre desengañada (así, en mayúsculas), han edificado con una voluntad férrea: la familia con sus satélites en forma de hijos como lo son Martina -extranjera-, y Rosa, Damián hijo y Aquilino. Todos ellos encarnan las suspicacias de sus mayores en un mundo sostenido por un poder ensombrecido desde el peso de los recuerdos. Pero todos ellos quieren vivir sus propias vidas y saben, como afirma Rosa, que no "hay grandes decisiones, solo una ristra de pequeñas, incluso diminutas, decisiones, tomadas casi por azar, aunque en realidad no. En realidad, tomadas con titubeos pero también con audacia, una a una, paso a paso, libremente. Tomadas para bien".

Una miríada de escenas configuran esta familia que es todas las familias, unas vidas que son todas las vidas. Un libro para decir que la soledad quebrada de estos personajes poblada por una multitud de cristales rotos dibuja, sin aforismos morales, el peso ineludible de lo que significa vivir en una familia como si fuera el contorno esencial de un murmullo aislado que es también político. He aquí la piedra de toque de este libro del desasosiego contemporáneo: escribir para Mesa es ver. 

Es tocar con las manos la fuerza impenetrable de una vidas minúsculas construidas sobre la tibia extrañeza de un puente que en su fragilidad dibuja la nuestra. Imposible no preguntarse si la vida de estos personajes nos atañe porque sí, nos atañe: la casa de madera de la portada del libro es nuestro propio barco a la deriva, un pozo sin fondo, el vértigo de unos pensamientos sin anclajes, la oscura soledad que despliegan nuestros conflictos soterrados por un muro infranqueable que la escritura de Mesa, exigente en su búsqueda de una existencia bruta, horada de raíz. Un libro necesario.

'La familia'

Sara Mesa

Anagrama 

232 páginas | 18,90 euros

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