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'El peor escenario posible', de Alejandro Morellón: la vida muerta

Gracias a un tono desdichado a medio camino entre el conflicto y la complicidad, la escritura es por momentos poética

El escritor Alejandro Morellón

El escritor Alejandro Morellón / EPE

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Ricardo Baixeras

Como un golpe duro, como un hachazo invisible que te derriba desde el primer cuento. Así Pájaros que cantan el futuro, relato con el que Alejandro Morellón (Madrid, 1985) consiguió el 50º premio Ignacio Aldecoa de cuentos, fallado el pasado febrero después de la deliberación de un jurado formado por Alicia Giménez Barlett, Sara Mesa, Manuel Vilas y Antonio Altarriba.

Pero en El peor escenario posible hay más que un furby apocalíptico, como el que aparece en su portada del libro, anunciando el fin del mundo ("Quedan dos mil millones de segundos para el fin de la humanidad"). El lector encontrará también una mujer que relata -y que es relatada- en vivo y en directo su propia muerte ("Abismada en tu propio pensamiento, desde tu tumba, alzas la cabeza hacia arriba, hacia el sol, y abres mucho los ojos y ya no eres sino luz"), así como una casa cuya reforma descubrirá el pasado ignominioso de un matrimonio de oncólogos. Y un internado en el que conviven, entre otros personajes, dos chicas obsesionadas por el sexo, el hombre más bello del mundo, "el adorable", y una chica negra que sabe que está "hecha de miedo", que es "el centro de todo lo temible" y que "todos somos oscuros por dentro".

Y el parto de una mujer que no sabe nada de su hijo recién parido, ese "objeto desconocido" que misteriosamente guardará relación con el bombardero Enola Gay, ambos "detonando a la vez". Y la caza de un ejemplar de oso convertida en "pura leyenda" y una mujer descubriendo la vida secreta de su marido minutos antes de regalarle un reloj de alta gama. Y el relato de las muertes misteriosas de Pelé, Zinedine Zidane, Luis Enrique, Michel Platini, Roberto Carlos, David Beckham, Michael Laudrup y Ruud Gullit en un inacabable "minuto de silencio" que irá interrumpiendo la muerte del padre de un jugador del Getafe B. Encontrará el silencio eterno ("¿Cómo se escucha un grito que no se oye?") de un matrimonio visto a través de Carlos, narrado desde los 7 hasta los 73 años. Encontrará el aterrizaje forzoso de un avión mientras un miembro de la tripulación trata de vender un rasca y gana a los pasajeros y encontrará, al fin, La montaña mágica, "un excremento enorme, descomunal, una montaña de mierda que se eleva por encima de los edificios". 

Literatura en estado puro

Pero más allá de unas tramas delirantes, lo que sin duda deja ver este portentoso libro de cuentos es la literatura en estado puro, o lo que es lo mismo, el límite incierto en el que se posa una realidad enfrentada a lo inverosímil como si fuera el espejo invertido de un mundo hecho pedazos y entreverado por el peso de un miedo que toca con mano firme lo absurdo de la vida, de una culpa que lo corroe todo y de una memoria de los deseos en una escritura por momentos poética gracias a un tono desdichado a medio camino entre la complicidad y el conflicto. La disyuntiva deslizándose en una acción inmóvil, tensionada siempre en una mentira convertida en verdad que es emblema de la visión de una furia.

El peor escenario posible es un libro que se sitúa en la tensión de un límite, el de los dos mundos imaginados que Morellón dibuja con gran fruición: la vida en puro goce de acción y la vida muerta, como quería Pierre Michon, en el lenguaje.  

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