LIBROS

Mario Benedetti y la fama

No toda su obra es conocida, y menos valorada, lo que lleva a preguntarse por los malentendidos

El escritor, poeta, dramaturgo y periodista uruguayo Mario Benedetti.

El escritor, poeta, dramaturgo y periodista uruguayo Mario Benedetti. / ARCHIVO

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Hortensia Campanella

"La fama es una suma de malentendidos". Esta frase me la dijo Benedetti hace años. Con ella aportaba una dosis de realismo y un toque de humor, rasgo que lo caracterizaba. Es una reflexión que puede explicar la ceguera ante valores interesantes: tantos libros rechazados, tantas obras que pasan desapercibidas, a veces durante años, a veces a durante la vida de sus autores. Pero también esas palabras pueden referirse a quienes no se explican la popularidad, el cariño que suscita la obra de alguien como él, entonces pasada ya la mitad de su vida, o ahora, años después de su muerte.

Si aludimos a esta última situación podemos recordar innumerables signos de popularidad de Benedetti. Más allá de su presencia en librerías, sus obras han sido traducidas a los más diversos idiomas. Han sido lenguas de su entorno cultural, pero también unas cuantas que sorprenden por su lejanía como el chino, el árabe, el bengalí, lo cual habla de un atractivo muy especial. Pero sus obras también han sido adaptadas a otros lenguajes, como las novelas o cuentos llevados al cine y al teatro, incluso a la danza contemporánea, y sus poemas han sido musicalizados en un trabajo para el que él colaboró gustoso. En la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes sus libros han sido tan buscados que solo El Quijote y Pérez Galdós presentaban más visitas cuando murió y hoy, 13 años después, solo se han agregado García Lorca y Calderón.

Esa fama que llevaba a un público de diversas generaciones a buscar su presencia, su voz, su firma, no ha sido concluyente. No toda su obra es conocida, y menos valorada. Y si bien esto es lógico o aceptable por gustos y apreciaciones diversos, los ataques, los ninguneos que recibió en muchos momentos nos llevan a preguntarnos cuáles son esos malentendidos, para bien y para mal.

El inicio de su carrera literaria se debe a una profunda vocación, casi una iluminación como la que siempre contaba sobre su descubrimiento de la poesía de Baldomero Fernández Moreno en la Plaza San Martín de Buenos Aires. Allí sintió que se podía escribir de un modo transparente, que la poesía podía ser el mejor vehículo de comunicación. Pero, dejando de lado una excelente enseñanza primaria, toda su formación fue producto de un obstinado esfuerzo autodidacta. Los idiomas, las lecturas, no solo nutrieron su obra, sino que lo impulsaron a ejercer el periodismo cultural con pasión, lo cual ha dado como resultado varios tomos de crónicas que eran solo trabajos alimenticios y numerosos ensayos brillantes sobre autores latinoamericanos y españoles especialmente. En ellos aparecen sutiles y agudos juicios y también descubrimientos de voces relevantes, como ocurrió con Rulfo.

Su anhelada relación con la realidad transcurre en un coherente paralelismo de obra y conducta cívica. Sus novelas pueden ser mojones que señalan el camino de su vida siempre abierta a la sociedad que lo rodea: la rutina gris de medio siglo con La tregua; la agitación ideológica en Gracias por el fuego; el estallido de la violencia con El cumpleaños de Juan Ángel; el sufrimiento del exilio en Primavera con una esquina rota; el remanso de la memoria en La borra del café; hasta culminar con el regreso al país en Andamios. Porque, como había escrito en 1967: "El escritor latinoamericano no puede cerrar las puertas a la realidad, y si, ingenuamente procura cerrarlas, de poco le valdrá, ya que la realidad entrará por la ventana".

Seguramente el desconocimiento -a veces desprecio- que algunos experimentaron hacia él se deba a cierta tergiversación de ese compromiso con la realidad, obviando que pretendió romper la soledad, comunicarse, reconocer el mestizaje latinoamericano, y así sintió la necesidad de reconocerse en los demás, de compartir búsquedas.

Hay una definición que parece haber guiado toda su vida: "La política es una forma del amor". Desde su solidaridad con quienes sufrían la crisis hasta su compromiso en la búsqueda de los desaparecidos que dejaron las dictaduras, hay una coherencia permanente. Pero resulta llamativa la poesía amorosa que aparece en Poemas de otros. Es un libro de amores: el erótico, el amor a la amiga, a la esposa, el que expresan sus personajes de novela con candor y pasión. Escrito en medio del horror de su primer exilio en Buenos Aires, aislado, prohibido, amenazado de muerte, en esa época de caos, agonía, destrucción y derrota, triunfa la vida. Muchos recordarán algunos de los poemas que aparecen allí: "Hagamos un trato, No te salves, Te quiero".

Tal vez ese sentimiento de comunidad sea la explicación de la presencia de Benedetti en tantas mentes y corazones, porqué sus textos perduran en el recuerdo y resuenan en ámbitos tan alejados de su Montevideo. Y tal vez, a pesar de todo, no existan los malentendidos. 

'Poemas de otros'

Autor: Mario Benedetti

Editorial: Visor de Poesía

148 páginas. 11,40 euros

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