EXPOSICIÓN

García Márquez, una obra de arte moderno

El Museo de Arte Moderno de Ciudad de México acoge una gran muestra que recorre la vida y obra del novelista en lengua española más leído del mundo

Imagen de la muestra sobre García Márquez en Ciudad de México

Imagen de la muestra sobre García Márquez en Ciudad de México

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Álvaro Santana Acuña

"Escribir libros es un oficio suicida", declaró Gabriel García Márquez a un periódico en 1966. Sabía con exactitud de qué hablaba porque casi arruinó su vida por escribir un libro. Acababa de terminar, después de catorce meses de arduo trabajo y tras dieciséis años de intentos fallidos, el libro que le hizo mundialmente famoso: Cien años de soledad. Aunque al enviarlo a la editorial, él solo pensaba en una cosa: cuando el editor lea el libro me dirá que es "una mierda".

Las dudas de Gabo, como también se le conoce, sobre su obra maestra son una de las muchas sorpresas de la exposición Gabriel García Márquez: la creación de un escritor global. La muestra está abierta del 18 de junio al 2 de octubre en el Museo de Arte Moderno de Ciudad de México y es una colaboración con el Harry Ransom Center de la Universidad de Texas en Austin, que custodia el archivo del autor.

Por primera vez en América Latina, se muestran docenas de fotos íntimas, escritos desconocidos, videos entrañables, cartas personales y manuscritos de casi todos los libros de Gabo. Incluso hay audios suyos leyendo fragmentos de discursos, cuentos y novelas. Es una oportunidad irrepetible de adentrarse a través de más de 300 objetos en la vida y obra del novelista en lengua española más leído y popular en el mundo. 

Uno de los primeros objetos en la exposición es la carta astral de García Márquez. En 1997, cuando se supo que había nacido no en 1928, sino en 1927, su agente literaria Carmen Balcells, aficionada a la astrología, encargó una nueva carta astral para su cliente. La astróloga aseguró en esa carta que Gabo seguía poseyendo una "fantasía desencadenada" y que le aguardan grandes cosas. Desde su agencia, Balcells ayudó a que así pasaran. 

Gabo y Balcells se conocieron en 1965 en Ciudad de México y firmaron un contrato que cambió la historia de la literatura. Tras la firma, Gabo se sentó a escribir Cien años de soledad. Ya lo había intentado en 1950, como muestra el escrito La casa de los Buendía, que García Márquez publicó en una revista colombiana. Ese mismo año, a miles de kilómetros, Jorge Luis Borges comenzó a escribir la historia de una familia, que tituló Los Rivero y cuyo manuscrito está en la exposición. Borges nunca terminó la que pudo ser su primera novela y Gabo tardó más de quince años en crear la historia de los Buendía. Las semejanzas entre ambas familias resultan sorprendentes.

Se muestran docenas de fotos íntimas, escritos desconocidos, videos entrañables, cartas personales y manuscritos

En sus años juveniles, mientras intentaba escribir su novela, García Márquez leyó a Faulkner, Hemingway, Woolf y Joyce, varios de cuyos manuscritos están en la muestra y nos enseñan las técnicas de contar que Gabo aprendió de estos autores. También se enamoró para siempre del cine. Al principio, publicaba cada semana en prensa sus reseñas de películas, además rodó un cortometraje con amigos y, en 1955, cuando se marchó a Europa, estudió cursos de cine en Roma. Luego, se instaló en París, donde escribió El coronel no tiene quien le escriba.

En esa ciudad conoció a su gran amigo, Plinio Apuleyo Mendoza, quien le consiguió empleo en Caracas, adonde Gabo emigró para vivir de escribir reportajes de actualidad. Eran reportajes que concibió, según dijo a un amigo, "como una obra literaria, pesando cada palabra, vigilando el estilo".

Mientras se ganaba la vida como periodista, Gabo era desafortunado con la literatura. Su primer contrato editorial estaba plagado de miserables condiciones de publicación, y La hojarasca, su primer novela, apenas se vendió. Además, en las cartas a los amigos, García Márquez confesaba que se sentía inseguro sobre su forma de escribir literatura.

El Gabo de esas cartas era un hombre casado con dos hijos, preocupado por no tener un empleo estable y que seguía soñando con ser escritor, aunque solo podía intentarlo por las noches. De día, tuvo que trabajar en revistas populares mexicanas que nada tenían que ver con la literatura y todo con la necesidad de mantener a la familia. Aceptó incluso un trabajo en publicidad. A uno de sus textos publicitarios le puso un título literario y revelador: Cinco mil años de Celanese Mexicana. Otro de los sueños de Gabo era hacer cine y estuvo a punto de conseguirlo. Pero estalló el boom de la novela latinoamericana. Los lectores de España y América devoraban los libros de Cortázar, Vargas Llosa, Onetti, Borges y tantos otros. Sin embargo, pocos lectores habían oído hablar de García Márquez, y él lo sabía. También sabía que ese momento era su ahora o su nunca. 

Imagen de la gran muestra que recorre la vida y obra de García Márquez en Ciudad de México

/ EPE

En ese tiempo providencial de su vida entró, además de Balcells, un autor triunfante: el mexicano Carlos Fuentes. Él metió a Gabo en el Boom y le señaló como uno de sus grandes escritores cuando pocos le conocían. Fue Fuentes quien le escoltó con sus consejos mientras escribía Cien años de soledad, como también le ayudó una red incondicional de familiares, amigos y artistas dentro y fuera de Ciudad de México.

Al final, Cien años de soledad, ese libro suicida, se publicó en 1967 y su éxito planetario partió la vida de García Márquez en dos mitades. Desde ese año hasta su muerte, sería un escritor famoso y además un activista político y un ícono global. 

Mientras trababa amistad con políticos como Fidel Castro o Bill Clinton, mientras intentaba mediar en problemas latinoamericanos como el narcotráfico y mientras creó fundaciones al servicio del periodismo ético y del cine de vanguardia, García Márquez siguió publicando libros que rompieron récords de venta en decenas de países.

Acaso la parte más sorprendente de la exposición sea la que descubre secretos de cómo escribía García Márquez. Era un minucioso y obsesivo carpintero de la palabra. Donde otros escritores profesionales dirían felices que su texto estaba listo para publicación, un Gabo insatisfecho seguía perfeccionando el suyo, versión tras versión.

En una versión casi final de Crónica de una muerte anunciada decidió que el personaje principal, Santiago Aragonés, se llamara Santiago Nasar. Cuando se publicó la primera edición de El amor en los tiempos del cólera, corrigió todo el texto y, silenciosamente, metió los cambios en la siguiente edición. Incluso en 2004, cuando era un autor consagrado y cualquier cosa que publicase era un éxito seguro, escribió dieciocho versiones de Memoria de mis putas tristes.

La exposición reconstruye la carpintería de García Márquez mostrando además sus máquinas de escribir. Cuando tecleaba Cien años de soledad, se pasó a la máquina de escribir eléctrica. El amor en los tiempos del cólera lo redactó de principio a fin con un ordenador. En su carpintería hay incluso espacio para los desencantos. En 1981, la conocida revista The New Yorker rechazó, para sorpresa de Gabo, su cuento El rastro de tu sangre en la nieve. Él guardó la carta como un recuerdo aleccionador.

Pese a tales contratiempos, la prosa de García Márquez ya se había ganado el favor de muchas personas, incluido un grupo silencioso de lectores que el 21 de octubre de 1982 le envió un telegrama que anunciaba: "La Academia Sueca ha decidido hoy atribuirle el premio Nobel de Literatura de 1982". Tras ganar el Nobel, se desató la Gabomanía global. 

Al final de su vida, García Márquez era un mito andante de la literatura para miles de personas y para otras una figura discutida. Amor y odio a partes desiguales los consiguió, como dijo en un último homenaje, tecleando con dos dedos durante más de sesenta años sobre las veintiocho letras de un aparato de escribir.

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