ENTREVISTA

Sara Torres: "Ser lesbiana es una fuente excepcional de belleza"

La escritora Sara Torres, fotografiada en el Ateneo La Maliciosa, en Madrid

La escritora Sara Torres, fotografiada en el Ateneo La Maliciosa, en Madrid

La escritora, con una fértil trayectoria poética, debuta en la novela con 'Lo que hay', en la que aborda los afectos entre las mujeres. En una entrevista con 'abril', habla sin tapujos sobre la creación, la identidad y el deseo sexual

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Inés Martín Rodrigo

Todo en ella, en Sara Torres (Gijón, 1991), es belleza. Y todo lo que toca, lo que escribe, lo que observa, se convierte en belleza. Su mirada está atravesada por la cadencia poética hasta impregnar con ese ritmo balsámico, reparador, cada uno de sus pasos, tanto en la vida como en la escritura, que en realidad son la misma cosa, caras nada opuestas de esa moneda lanzada mucho antes de que naciéramos. Bien lo sabe ella. Porque ella, Sara Torres, es pura poesía, lo mismo que su narrativa, aunque fuera el género lírico por excelencia en el que primero aprendió a expresarse para poder amar como quería, como sentía, como necesitaba, y ser amada, también.

Sus versos, inspirados en la pasión de Cristina Peri Rossi, espejo en el que aún se sigue mirando con cierto rubor y mucha humildad, fueron tomando poco a poco su propia forma en poemarios en los que su voz terminó emergiendo poderosa y firme, una fuerza de la naturaleza creadora. Esa voz que en Lo que hay (Reservoir Books), su primera novela, recién publicada, alcanza cotas de virtuosismo melódico, nada empalagoso, para contar la historia de Sara, una joven que se debate entre el eros y el tánatos, entre el duelo por la muerte de su madre y el amor hacia una nueva amante. Los afectos entre mujeres narrados para salir de los márgenes y ocupar, por fin, el espacio público del que fueron desterrados.

P. Qué importante es hablar de los afectos entre las mujeres y mucho más atreverse a hacerlo desde el territorio literario, un terreno algo inhóspito, bastante inexplorado.

R. Es fundamental intentar hablar de los afectos entre mujeres como algo que se puede dar al margen del sistema heterosexual. Muchas veces se habla de los afectos entre mujeres, pero siempre en el marco de la familia heterosexual, de las amigas que acompañan a una relación heterosexual, de la maternidad… siempre eventos donde el núcleo heterosexual está liderando el contenido narrativo o simbólico. La novela era una oportunidad para hablar de esos vínculos sin tener que poner ese marco.

P. En ese sentido, ¿para qué le ha servido la escritura de esta novela?

R. Me ha servido para profundizar en la naturaleza de esos vínculos de formas que no eran ni siquiera conscientes para mí. Yo puedo trabajar mucho el feminismo o el deseo lesbiano desde la teoría, pero la escritura, usted lo sabe, desata contenidos inconscientes que superan y exceden profundísimamente lo que puedes teorizar desde una base conceptual. Me sirvió para traer el cuerpo a este pensamiento, para reflexionar sobre lo lesbiano, lo feminista o el vínculo madre-hija con el cuerpo como centro, no con las ideas como centro.

P. Dice Jeanette Winterson que "la escritura es la mejor forma de hablar de la cosa más difícil que conozco, que es el amor". Usted habla del amor, pero no de un amor cualquiera, sino de un amor homosexual entre mujeres. ¿Cómo esperaba que la novela fuera recibida?

R. Tenía un poco de miedo a que se considerase efectista la intersección entre la muerte de una madre y una historia de deseo. Mi principal miedo era que se consumiese las escenas sexuales entre mujeres como algo que está ahí para llamar la atención y que no se entendiese que para mí lo sexual es un espacio de reflexión profunda sobre la vida, sobre lo político, sobre cómo nos construimos a través de ideologías, fantasías... Por lo que ha llegado a mí, celebro que no haya sido así, que no se considere lo sexual como un lugar de espectáculo, porque no es un lugar de espectáculo.

"Lo sexual no es un lugar de espectáculo. Follar está vinculado al deseo de vivir una vida alegre, una vida bonita"

P. "Follar bonito nos hace felices". Es una cita extraída de la novela, y estoy de acuerdo con la narradora, pero qué difícil es follar bonito en una página literaria.

R. Total. Para mí, que aparezcan estas dos palabras juntas, follar y bonito, era una forma de dejar claro a qué me estaba refiriendo. Porque muchas veces lo que encontramos dentro de las representaciones literarias, y culturales en general, es o bonito vinculado a Disney, a lo normativo, o follar como lo oscuro, desvinculado de las emociones y vinculado a ideologías.

P. Y también muy heterosexual.

También. Para mí, poner follar y bonito juntos le da ese matiz donde es tan importante la representación del cuerpo, que se lleva a extremos que no son las modulaciones normales que tiene en sus otros ámbitos del día a día, como lo bonito, que hace referencia a que emocionalmente están ocurriendo cosas que tienen que ver con los cuidados y con la vida. Porque, para mí, follar no está desvinculado de los cuidados y la vida y los afectos, de ningún modo.

P. ¿Por qué tendría que estarlo?

R. Pues no lo sé, no sé por qué se pretende que tiene que estarlo, no lo sé, no lo entiendo, porque me parece algo tan vinculante…

P. De ese acto surge la vida, en muchos sentidos, no sólo en el literal.

R. Total, la vida propia, el deseo de vivir. Y para mí, en la novela el follar está vinculado al deseo de vivir, o de vivir una vida alegre, una vida bonita.

Sara Torres, poco antes de la entrevista

/ ALBA VIGARAY

P. También es fundamental la visibilización, que las lectoras y los lectores le pongan cara a las historias que durante tanto tiempo han permanecido ocultas porque sólo podían desarrollarse, vivirse, en los márgenes.

R. Lo que yo intento hacer es visibilizar lo que es la subcultura lesbiana, que es una subcultura porque no ha podido participar de la vida pública oficial en muchísimos sentidos, intentar hacer eso visible sin que se lo trague el sistema. Porque, si ha estado al margen existiendo, lo que nos debe interesar como sociedad es aprender de las cosas bellas que puede ofrecer a todo el mundo, no intentar incluirlo en una norma y que desaparezca la parte de diferencia. Lo fundamental al representar la subcultura es representar la amistad como modo de vida. Cuando no existe, porque no es posible, ni el matrimonio, ni la familia normativa, ni un montón de privilegios, acceso al capital, etcétera, las comunidades se han sostenido con la amistad como modo de vida. Celebrar eso como centro, porque la amistad es lo que hay antes y después, también, de determinadas pasiones.

P. Con suerte…

R. Ojalá, para mí sí. Es importante tener una actitud optimista con respecto a esto, pensar que lo que nos importa es la amistad y que lo otro son cosas que ocurren, pero que lo que hay que cuidar es la amistad como vínculo, principalmente.

"No me preocupa que no me quieran las personas que no me entienden"

P. Ha utilizado en varias ocasiones la palabra normativo. ¿Cuándo llegaremos a entender, como sociedad, que lo normal tiene que ver con lo normativo?

P. Llegaremos a entenderlo cuando se multipliquen los discursos de personas que lo hacen visible, que señalan las convenciones que naturalizamos y nos enseñan que es una convención y que es algo que parece natural a fuerza de repetirlo a través de la historia y del tiempo. Lo normativo es nuestra matriz y todas nacemos en lo normativo y somos educadas en lo normativo, por lo tanto tampoco hay que utilizar lo antinormativo como si fuese una especie de valor extra; no. Todas estamos atravesadas por la norma y nos posicionamos en relación a ella. Pero tener la libertad  crítica de identificar que lo normal es normativo es el punto de partida que necesitamos.

P. La protagonista de la novela dice: "En mi ciudad costera ya era un problema suficientemente grande ser lesbiana, así que tenía que proteger a mi familia siendo irreprochable en todo lo demás". ¿Sigue siendo un problema ser lesbiana hoy?

R. Depende. Para mí no es un problema, porque es lo que más alegrías me ha dado en mi vida, aunque me haya podido generar dolores en la adolescencia, etcétera. Para mí, siempre ha sido una fuente excepcional de acceso a la belleza, yo se lo desearía a todo el mundo. Las experiencias que he tenido de acceso a la belleza han sido tan sublimes que sólo puedo decir que cualquier problema que traiga ser lesbiana es mínimo comparado con eso. Desde luego, no es lo mismo ser lesbiana en Barcelona que en un pueblo de Asturias o en otros sitios, en otros países. ¿Ser lesbiana en Barcelona, en una familia liberal hoy es un problema? Pues igual no tanto. Pero en muchos otros espacios es una pérdida de acceso al capital bestial, porque estás doblemente precaria por ser lesbiana y por ser mujer. Y también es una fuente de tener que estar lidiando con la sensación de extrañeza del otro, negociando cómo el otro te acepta o se siente incluso orgulloso de aceptarte o se convierte en moderno por tenerte en su grupo…

P. El "tengo una amiga lesbiana".

R. Claro. Ese extrañamiento puede ser una fuente de incomodidad. Yo soy mucho de generar comunidades de afinidad, entonces no me entero tanto, porque no me preocupa que no me quieran las personas que no me entienden.

P. En ese sentido, ayer volví a ver 'Carol' y a releer la novela de Patricia Highsmith.

R. Maravillosa.

P. ¿Nos han faltado referentes literarios lésbicos que se convirtieran en espejos en los que poder mirarnos para poder reconocernos?

R. Total. A mí Carol me marcó increíble de joven, porque era el gesto afirmativo de ver a una mujer que pone el deseo por delante de todo lo demás. Era impensable que esto se pudiese encontrar en un libro. Patricia Highsmith fue de una valentía y de un vitalismo espectacular. Porque una lesbiana es un sujeto que ha puesto el deseo por encima del resto de las cosas. Cómo será la naturaleza de su deseo que persevera de tal modo que renuncia a privilegios, capital, acceso…

P. Derechos, familia…

R. Renuncias a todo. Nuestras generaciones sí. Yo no sé ahora, pero yo he vivido eso, era un tema de, bueno, si tengo que elegir entre estar con mujeres y cualquier otra cosa del mundo, yo prefiero estar con mujeres.

"Me interesa mucho lo maternal, pero liberado de la obligación de las mujeres como madres de humanos"

P. ¿Es la poesía más eros y la narrativa más tánatos?

R. Para mí, la narrativa es un poco parecida a lo que es la poesía en cuanto a su pulsión. Cuando el cuerpo tiene la impresión del tánatos te da un impulso que te hace recuperar el eros. La escritura para mí tiene esa función terapeútica: cuando el cuerpo está posicionado en el tánatos hay algo erótico en el lenguaje que, como en el sexo, te coge la mano y te saca del agujero, del pozo de la melancolía. Podrías quedarte ahí, pero hay un fetiche que es la palabra que agarra tu deseo, te saca de la negatividad y vuelves a participar del camino del eros.

P. ¿Se puede amar en mitad del duelo?

R. Total.

P. ¿Y se ama igual?

R. En el duelo se ama muchísimo, porque, como dice Laurie Anderson leyendo El libro tibetano de los muertos, la función de la muerte es la liberación del amor. Cuando tú tenías muchísimo amor agarrado a un cuerpo vivo y el cuerpo se va, y se va también ese ser que te interpela y te pide amor, ahí tienes una energía amante disponible enorme que tienes que saber hacer cosas bellas con ella para que no te destruya. Lo importante sería como una especie de práctica amatoria del duelo donde seamos conscientes de que toda esa energía amorosa, si no tenemos una forma creativa de usarla, puede ir en contra de nosotros mismos. El amor tiene que participar de vínculos, aunque sea de un vínculo creativo como la escritura. El amor necesita acción, tiene que estar activo, porque si no demasiado amor nos puede hacer daño, también.

P. "¿Por qué nadie nos enseña a reconocer y acompañar a un cuerpo que se muere?". Es una pregunta que se hace la protagonista de la novela, y que yo le traslado a usted.

R. Yo creo que tiene que ver con que la sociedad occidental está construida en la represión de la idea de muerte, y reprimir la idea de muerte también es reprimir la idea de cuerpo y reprimir, por supuesto, la idea de cuerpo que se transforma no voluntariamente hacia lugares no voluntarios. Tanto lo involuntario, como el decaimiento, como la transformación son espacios reprimidos en el consciente occidental. ¿Qué aprendizajes nos pueden ofrecer sobre una realidad reprimida? Ninguno. Primero hay que intentar romper o liberar esa represión, abrirla a lo verbalizable o lo pensable, y luego educar en eso.

P. La narradora también se cuestiona si es más fácil cuidar el cuerpo de una amante que el de una madre…

R. Yo muchas veces me pregunto por qué, y creo que puede ser porque, a veces, nos traumatizamos con todo lo que tiene que ver con la madre. Está tan idealizado que la madre tiene que ser el cuerpo disponible, no sexual, cuidador, entregado, que cuidar de una madre es también el trauma de ver a una madre que no está realizando su función ideal. Como sólo estamos preparadas para que nuestras mamás nos cuiden, pues genera un impacto tener que cuidarlas. Pero las mujeres históricamente siempre han tenido la capacidad de hacerse cargo, por lo que el impacto dura un segundo y luego tenemos muchísimas herramientas para empezar a cuidar. Hay un miedo en los psíquico pero el cuerpo sabe cosas que ni sabemos que el cuerpo sabe.

P. No estamos capacitados, educados, para relacionarnos con la muerte, pero tampoco con la enfermedad, con el cuerpo enfermo.

R. Es el momento para reflexionar muy en serio sobre el sistema como capacitista y edadista, porque si no hay muchísimas partes que tienen que ver con la violencia que sufrimos los cuerpos que no vamos a entender. Tocar con el estigma de la enfermedad a los cuerpos, considerar que la enfermedad es un estigma y que te significa como cuerpo no válido está directamente ligado a la idea de que tú crees que un cuerpo válido es un cuerpo productivo dentro de un sistema capitalista. Para poder entender por qué la enfermedad tiene significados tan oscuros en la actualidad tenemos que desplegar materialmente todos estos discursos.

"¿De verdad cada vínculo romántico lo va a tener que atravesar la pregunta sobre la maternidad? ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?"

P. Cuando empezó a tratarse en los medios el virus de la viruela del mono, yo veía titulares en los que se especificaba la homosexualidad de los enfermos y me preguntaba: ¿es necesario?

R. Lo que es necesario es que haya personas estudiando los titulares desde un punto súper informado sobre los temas que se están tratando. No se puede elegir los titulares por su efecto sin tener en cuenta los efectos que tienen de reorganización y de opinión de la realidad. El titula responde a un estigma, pero a la vez lo crea. Hay que entender que un titular es, también, un acto performativo que genera realidades sociales, y eso es una responsabilidad a la que hay que plantar cara. No hace falta opinar de todo, no hace falta tener lemas para todo y, sobre todo, no hace falta estar segura de lemas en los cuales no has podido invertir tiempo para indagar sobre ellos.

P. La maternidad también atraviesa la novela hasta vertebrarla, casi. ¿Cómo viven la maternidad las mujeres que no han sido madres?

R. Yo nunca he querido ser madre, nunca me ha interesado nada. Pero me interesa mucho la potencia afectiva de lo maternal llevado a otros ámbitos. Me interesa maternar a mis amigas, utilizar la energía afectiva de lo maternal para llevarlo a otras relaciones, y ahí hay algo muy revolucionario, también. Me interesa mucho lo maternal, pero liberado de la obligación de las mujeres como madres de seres humanos.

P. A veces tengo la sensación de que, todavía hoy, se sigue considerando egoísta a la mujer que decide no ser madre.

R. Sí, y una de las consecuencias de la igualdad en ciertos ámbitos es que ahora encima siendo lesbiana también tienes que justificarte. Antes era: no me toques a los niños, que me los conviertes en rana. Pero, de pronto, es: ponte tú a parir, ahora que nadie quiere, ahora que puedes. La pregunta sobre la maternidad es para mí la principal violencia. Que exista esa pregunta en la vida de las mujeres constantemente y que haya que posicionarse con respecto a esa pregunta es lo violento, y que cuando tengas una relación de pareja eso sea una pregunta que atraviese también ese vínculo. ¿De verdad cada vínculo romántico lo va a tener que atravesar la pregunta sobre la maternidad? ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?

P. ¿Debe existir el debate entre sexo y género?

R. Es un tema complejísimo como para una sola respuesta. Yo creo que tanto el sexo como el género pueden ser constructos culturales, pero la naturaleza del género es directamente cultural, de forma absoluta. Puede haber gente que hable del sexo como algo localizado en los cuerpos, pero también tiene que hablar de su faceta cultural.

P. ¿Por qué, como sostiene la narradora, "privilegiamos el amor de la pareja sobre los otros"?

R. Yo creo que es una base cultural. Nos han contado que para sobrevivir de forma feliz necesitamos que nos elija alguien como su media naranja. Cuando accedemos a eso, estamos accediendo a un espacio de privilegio que nos posiciona por encima de los demás, invertimos en ese vínculo porque creemos que es el que va a sostener la vida, cuando la realidad es que lo que sostiene la vida es una red de relaciones muchísimo más compleja que pasa por la amistad y por la pluralidad.

P. Para acabar, ¿qué conversación tenemos pendiente las mujeres escritoras y de qué conversación le gustaría a usted formar parte?

R. Pues creo que tenemos pendiente una conversación sobre la alegría que es el derecho a la decisión sobre una muerte voluntaria y digna. Me encantaría hablar de eso, celebrar la ley de la eutanasia, poder hablar sobre cómo nos gustaría envejecer o morir antes de estar muriendo o envejeciendo.

P. ¿Y estamos preparadas para tener esa conversación?

R. Yo creo que sí, porque en cuanto empiezas a plantearla ya se empieza a tener. Estamos en un momento súper bonito para hablar de muchas cosas las escritoras, estamos deseando hablar entre nosotras y cada vez que hablamos entre nosotras surgen maravillas. Que pueda tener un efecto transformador en el mundo, que no sea una conversación que ocurre después del té y se queda después del té, sino que los conocimientos trasciendan y transformen, porque es por el bienestar de todos los cuerpos, es permitir que los conocimientos que tienen que ver con el cuidado de la vida ocupen el espacio público.

'Lo que hay'

Autora: Sara Torres

Editorial: Reservoir Books

224 páginas. 17,90 euros

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