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Nicaragua cancela su poesía

El Gobierno de Daniel Ortega utiliza una figura jurídica para suspender su conocido festival de las letras

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega (2012).

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega (2012).

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Marcos-Ricardo Barnatán

El Gobierno del presidente Daniel Ortega ha recurrido a una figura jurídica fundamental para ejercer la represión cultural en Nicaragua. Por medio de una ley votada en su Parlamento se despoja de la personería jurídica a numerosas entidades civiles que le resultan altamente molestas. Entre ellas hay dos muy importantes colectivos culturales: la Academia Nicaragüense de la Lengua, a la que considera "un agente extranjero" y un resabio de la "colonización", y el Festival Internacional de Poesía de Granada, ciudad donde nació Rubén Darío, y que dirige mi amigo el poeta Francisco de Asís Fernández desde hace casi veinte años.

La Academia es una entidad privada, sin actividad política, sin edificio propio y sin ninguna subvención del Gobierno y de la que forman parte conocidos escritores del país como Sergio Ramirez y Gioconda Belli que ahora viven en el exilio. Su pretendida disolución ha alarmado a la red de Academias latinoamericanas y por supuesto a la Real Academia Española, que ha repudiado esa medida con energía.

El caso del Festival Internacional de Poesía de Granada es aún mas incomprensible. Se ha celebrado sin incidentes durante 18 años y ha reunido a numerosos poetas de todo el mundo, siendo un gran atractivo turístico para la ciudad de Granada, y es uno de los festivales poéticos más conocidos de toda Latinoamérica. Su clausura por esa pérdida de su personería jurídica ha sido una sorpresa mayúscula en un país de poetas como Nicaragua.

Conocí a Francisco de Asís Fernández hace muchos años, cuando los dos éramos estudiantes de primero de comunes de Letras en la Universidad Complutense de Madrid. Corría 1965 y Francisco de Asís era un joven impetuoso que nos recitaba en el bar de la facultad sus incisivos epigramas y nos hablaba de sus grandes maestros Ernesto Cardenal y Carlos Martínez Rivas, al que no tardé en conocer en el Café Gijón, porque era agregado cultural de Nicaragua en Roma pero vivía en Madrid, donde tenía dos hijas internas en un colegio que sacaba a pasear los domingos. Un día Martínez Rivas volvió a Managua, "Me reclama mi presidente" nos dijo, y Francisco de Asís también se nos perdió. Años después con la caída del dictador Somoza reapareció en Madrid como alto funcionario de los primeros gobiernos sandinistas. Recibimos entonces a aquel joven transformado en un político de una Nicaragua nueva y esperanzada.

Con el nuevo siglo comencé a recibir numerosas invitaciones para participar en los distintos festivales que Francisco de Asís Fernández organizaba en su Granada natal, pero desafortunadamente no acabé por hacer nunca ese viaje. Cuando dejó de visitar Madrid mi amigo se transformó en un contacto de Facebook y en su página siempre muy activa he leído muchos de sus últimos poemas que prodiga con el mismo entusiasmo de aquel muchachito que escribía epigramas y se exaltaba recitando a sus maestros Ernesto Cardenal y Carlos Martínez Rivas.

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