LIBROS

Una reflexión sobre el exilio y la lengua materna

Barbara Cassin utiliza a los griegos y compañía para evocar la nostalgia

Barbara Cassin durante un evento organizado por ICI Berlin (2016).

Barbara Cassin durante un evento organizado por ICI Berlin (2016). / ICI BERLIN

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Jaime Siles

La filóloga y filósofa Barbara Cassin (1947), alumna del poeta Michel Deguy en el liceo Pasteur y de Ferdinand Alquié en la Sorbona, amplió estudios en Alemania en las universidades de Freiburg y Heidelberg. Traductora de Hanna Arendt; organizadora en 1990 del seminario sobre Las estrategias contemporáneas de apropiación de la Antigüedad, en el que intervinieron Aubenque, Deleuze, Derrida, Eco y Ricoeur; profesora en la ENA; directora entre 2006 y 2010 del Centre de Recherches sur la Pensée Antique y, desde 2018, miembro de la Academia Francesa, es autora también, entre otros importantes y significativos libros, de este delicioso ensayo sobre la nostalgia, definida por la medicina como morbus helveticus y que es una palabra suiza, más concretamente alemánica, acuñada por Jean-Jacques Harder en 1678, que estuvo a punto de verse eclipsada por otros términos como filopatridomanía, potopatridalgia, propuesta por Zwingler, y Heimsehnsucht, que es como la subtituló Haller.

Sin embargo lo que se impuso fue un derivado de nostos, "regreso" en griego. Considerada aquí algo más que "la añoranza de una tierra y deseo de volver a casa", la nostalgia es vista como "un hecho cultural". De ahí que su autora estudie "la relación entre patria, exilio y lengua materna". Apoyada en Derrida, para quien ni la patria ni la lengua nos pertenecen, Cassin parte de la Odisea, "el poema de la nostalgia por excelencia"; sigue con Eneas, que olvida la lengua de Troya y habla- dice Virgilio- con y como los latinos: "con una sola lengua"; y llega hasta Hanna Arendt, que, exiliada en Estados Unidos, no siente nostalgia de su patria sino de su lengua.

Lo que la Odisea plantea es si Ulises es capaz de volver (nostimos) a Ítaca: claves en este sentido son "el tiempo como línea y el tiempo como ciclo". De ahí que cuando más cerca está es cuando está más lejos. Nostalgia e identidad corren, como temas, a la par en la Odisea, si es que no son sinónimos de lo mismo. Así lo entienden Levinas y Günther Anders. Y Cassin se pregunta si el ideal de Ulises no será Penélope, aunque reconoce que el verdadero hogar de Ulises es el Mediterráneo. Por eso está "en casa en todas partes y en ninguna".

En cambio, en la Eneida Roma es "un futuro anterior". Eneas no permite que los naturales del Lacio cambien de nombre ni de lengua ni modifiquen su forma de vestir. La promesa de Júpiter es clara: los ausonios conservarán su lengua y sus costumbres, y, mezclados sólo de sangre, los teucros se les sumarán; a todos ellos el propio Júpiter les dará hábitos y ritos sagrados y los hará a todos ellos "latinos con una sola lengua".

Virgilio -como la Roma arcaica- cree en el sinecismo y el mestizaje como elementos necesarios para la paz y la civilización: en la Eneida el latín es "el único artífice de la unidad de Roma" y "el que plasma la pax" porque -como indica Florecen Dupont- la lengua latina es para los romanos "un signo de identidad". Eneas el "extranjero primigeni" es el símbolo de que todo romano puede tener dos patrias: la de su nacimiento y la del derecho que le confiere la civitas, como afirma Cicerón al hablar de Catón. Pero exiliado de ambas como Ovidio se corre el riesgo de perder ambas y, por ello, la propia identidad.

En el caso de Arendt "la marca del exilio es la transformación de la relación con la lengua". No identifica lengua alemana y pueblo alemán sino que sostiene que "el inconformismo es la condición sine qua non del logro intelectual". El refugiado no solo pierde la cotidianidad de su vida familiar sino también su oficio y ocupación: es decir, "la confianza de ser útiles en este mundo". Y, al perder su lengua, se convierte en un "balbuciente bilingüe". La percepción arendtiana de la lengua -explica Cassin- "está arraigada en la definición aristotélica del ser humano como animal dotado de lenguaje".

Para Arendt "es un error creer que una realidad pensada en el lenguaje es menos real que una realidad vivida". Excelente es el tratamiento que Cassin da a la visión heideggeriana del lenguaje y a su "nacionalismo ontológico". El silencio poético de Celan y la filología denunciadora de Klemperer le permiten marcar sus distancias y diferencias con el logos-Sprache-Sage de Heidegger y a optar, en cambio, por los términos latinos cultura, gravitas, auctoritas, religio, libertas como fundamento de nuestro presente político y filosófico.

'La nostalgia: Ulises, Eneas, Arendt'

Autora: Barbara Cassin

Traducción: Alicia Martorell Linares

Editorial: Alianza

127 páginas. 10,40 euros

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